SAXUM

 


Muy buen coloquio, con algunos de los protagonistas de "El buen espíritu", Enrique, mayor de 13 hermanos, que nos cuenta que en su familia ni se han interesado por su aparición en el docu, ya que muchos "pertenecen". Carlos, que cuenta que ha sido contactado por numes ¡después de 40 años! hasta hoy nunca supo de él, Fede que cuenta que se puso en contacto alguno que se fue hace 54 años y todavía hoy tiene pesadillas...

Mónica explica que tuvo gran contacto con Paniker, el aspirante a premio Nobel de teología para un programa biopic. Estuvieron muchas horas hablando pero el tema opus fue tabú, ella se dió cuenta de que no tenía asimilado su paso por el "Opus Dei". Ha hablado con muchos curas más jóvenes que no se atreven a contar la manipulación que sufren para informar.

El tercer programa está en la nube, insisten en que los supernumes son más fanáticos, "que no saben" lo que hay. Y no quieren ni oír esos desastres que han podido vivir sus hijos.

Sí,pero también entre los supernumes están los que se benefician económica y socialmente, como ella misma dice. "Opus Dei" y su prestigio social inamovible hasta ahora basado en tantos académicos y gente de fuste que colabora. Las redes de negocios, los contactos para medrar. Otro mundo, lógico que no vayan a cuestionar.

Ahora parece que ya van a bodas, por empezar por el principio de los males corregidos😥

Guillermo también interviene con sus anécdotas significativas, como ese que se iba a EEUU para dejar el Opus escrivariano y fallece en un accidente antes de tomar el avión. 

La judeidad del Opus Dei, o la israelicidad, podéis mirar en google maps Saxum Visitor Center. Nos lo vendieron como una "casa de retiros" en Tierra Santa. Pero es una especie de memorial víctimas de Israel, no entiendo el hebreo y me ha costado hallar la lápida que se refiere a Alvaro Portillo, al que escrivá llamó Saxum, piedra, al estilo de Jesús y Pedro, como se puede entender y referir. No "tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", que por otra parte dicen es una interpolación posterior al evangelio, sino "tú eres Saxum y heredarás mi Obra"....


Contaban una leyenda que relacionaba a Alvaro con el Acordaos, la oración que debíamos de rezar por los demás del "Opus Dei", alguno estuvo en peligro de perder la vocación y ¿Alvaro? lo salvó rezando esa oración. He olvidado los detalles. El asunto es que Saxum era Alvaro, que Alvaro lo último que hizo antes de irse de este mundo fue el viaje a Israel, que nos narraron con todo tipo de detalles y fotos en las publicaciones internas. Fue llegar a Roma después del viaje y entregar el espíritu. Año del Señor, 1994. Funerales de "Estado". 

Tuvimos la "inmensa suerte" de disponer de corresponsal en Roma, el hermano de la directora del centro, enfermera amiga de Mengele. Nos llegó la típica carta larga que escribe el numerario a su hermana numeraria que se lee en la tertulia con emoción por ser noticias directas del evento familiar. Hacía muy poco que se había abierto el centro en Jerusalén. Una filósofa marbellí recaló por allí, la casa de retiros estaba en proyecto.

He tenido que pasar 10 fotos en Google maps para identificar el típico conopeo de los sagrarios opusinos...todavía tenía dudas, unas cuantas fotos más y aparece la lápida conmemorativa que nombra a Echevarría y Portillo.

En la tertulia de Marina, se nos ve cada vez más sueltos y esponjados hablando de un tema que fue tabú y quedó para la intimidad de nuestras tripas. Vicky lo dice al principio, el hecho de compartir en grupo es terapéutico, ya no solo malos rollos entre ex.

NEOCONSERVADORES AMERICANOS (contiunación)

La historia de Europa y de América Latina da fe de esta realidad: a cambio de que el clero católico exhortara a los fieles

a mostrarse dóciles ante los gobernantes seculares

—presentando la obediencia y la humildad como virtudes—,

los gobernantes respaldaron la posición preeminente de la Iglesia en la sociedad

y pagaron el tributo exigido. En ocasiones, el poder de los prelados llegó a superar

al del Estado: era el Papa, o su representante, quien coronaba al emperador,

y no a la inversa.

Al escribir sobre Irlanda, un autor observó:


“La Iglesia católica organizó una comunidad integral —sin el menor atisbo de rebelión—

mediante un conjunto de valores religiosos que dominaban todos los matices

y aspectos de la vida irlandesa; es decir, como una unidad de estructuras sociales

en la que la Iglesia vinculaba el sistema de partidos políticos, los medios de comunicación

irlandeses y el ordenamiento jurídico y constitucional a sus ambiciones universales exclusivas.”


Si los straussianos buscaban «cualquier religión, siempre que fuera monoteísta, patriarcal,

jerárquica y autoritaria», la estructura —exclusivamente masculina, monárquica y dictatorial—

del gobierno del catolicismo romano no solo encajaba mejor que ninguna otra en esa descripción,

sino que, además, dicha religión constituye la confesión religiosa más numerosa en los Estados Unidos.

En la década de 1960, los católicos representaban el 23 por ciento de la población;

sin embargo, cerca del 30 por ciento de los votantes en las elecciones nacionales eran católicos.


Incluso en el año 2000, el número de católicos superaba

al de las doce siguientes confesiones

más grandes sumadas. Además, los católicos se concentran en los estados

que cuentan con el mayor número de votos electorales: California, Nueva York,

Pennsylvania, Nueva Jersey, Massachusetts, Ohio, Illinois y Michigan.


Dado que los soviéticos y los chinos comunistas habían perseguido a los católicos,

muchos refugiados católicos provenientes de Corea, Vietnam, Cuba y Europa del Este

se convirtieron en fervientes anticomunistas de línea dura

que apoyaban al Partido Republicano.

Los descendientes de inmigrantes irlandeses, italianos y polacos

—quienes con frecuencia obtuvieron títulos universitarios gracias a la ley «GI Bill»—

comenzaron a inclinarse hacia el Partido

Republicano a medida que sus ingresos aumentaban.

Los trabajadores católicos de origen étnico europeo se oponían a la segregación en sus vecindarios del norte.

Su postura encajaba de forma natural con lo que más tarde se conocería

como los principios de los «valores familiares».


Algunas élites católicas adineradas —vinculadas al «establishment» del Este

y a corrientes straussianas— ya formaban parte de un poderoso complejo comercial

internacional, fundamentado no solo en sus intereses financieros, sino también conectado,

a través del Vaticano, con una red global de anticomunistas.

(El comunismo era anticapitalista y ateo). Con el respaldo económico y político

de sus correligionarios estadounidenses, los católicos de derecha ya habían

derrotado a los partidos «rojos» en Europa Occidental, contenido a la China comunista

y apoyado dictaduras militares en América Latina, instauradas

con el fin de eliminar a los rebeldes «izquierdistas».


Para aquellos dentro del Vaticano, o vinculados a él, que seguían

buscando una alianza tradicional con un Estado secular —

una que respaldara la hegemonía cultural de la Iglesia, tal como ocurría en siglos pasados—,

el poder y la riqueza de Estados Unidos en 1968 no tenían parangón,

lo que lo convertía en el socio más atractivo. Por desgracia para quienes,

a ambos lados del Atlántico, se habrían beneficiado de dicha alianza,

los dos pontífices que gobernaron durante la década de 1960 —Juan XXIII y Pablo VI—

no tenían interés alguno en la política de poder. Dado que la Iglesia es una monarquía,

solo un papa dispuesto a colaborar habría podido orientar a la institución a abanderar el neoconservadurismo estadounidense.

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