CASO TISSIER. ORDEN DE MALTA

 


Muy bien hecho el guión de la historia de Catherine Tissier como numeraria auxiliar entre 1985 y 2001. Agora se traduce al inglés, voz femenina y masculina que alternan, las imágenes recrean los lugares de trabajo intenso y acumulado, las administraciones de las Residencias o Colegios mayores, con montañas de sábanas, de toallas, de platos...gran tarea por delante que requiere resistencia física y mental. Un no parar más que para acostarse a las 10 de la noche.

Todo ello gratis, a cambio de correcciones, humillaciones, trato de sirvienta, como en el siglo XIX o peor, puesto que ni siquiera podía disponer del dinero ingresado en  la cuenta corriente que llevaba su nombre. Ella firmaba cheques en blanco, eso hicimos todas las que teníamos ingresos antes de la era digital bancaria, de manera que las directoras ponían la cantidad y el portador, en este caso una editorial opusina en París, bien conocida de todas por sus folletitos tipo Mundo Cristiano, con mensajes papales y otros que teníamos que encajar/vender a nuestras amistades. Circuito cerrado. Trabajando para sostener la editorial "de casa".

¿Será Bruno Devos el guionista? está francamente bien hecho. He puesto los subtítulos en español, algún error se desliza pero se entiende perfectamente.




Lo mismo ocurre en la segunda parte en la que han realizado infografía del recorrido del procedimiento legal emprendido contra sus explotadores ya en 2001 y que solo culminó en 2016. Un vía crucis, un sistema que le quita la razón al explotado y se la da al explotador (la mayoría de los años de explotación laboral habían prescrito), solo le indemnizaron por los años 1999 a 2001, una cantidad ridícula, como ridícula la multa a las dos numerarias que al fin y al cabo son el extremo de la cadena y a la propia asociación tapadera que pretende pasar por asociación 1901. Esto significa una asociación sin ánimo de lucro en la que los ciudadanos se unen para jugar juntos al ajedrez, ir a cazar patos o reunir un club de lectura. Es decir actividades lúdicas, culturales que no generan ingresos, solo convivialidad.

Y nosotras contentas y alegres porque una ex auxiliar había conseguido una victoria judicial, bien magra e injusta. Que una llega a preguntarse si merece la pena todo el gasto en abogados, el tiempo que pasó otros 15 años, los nervios y el desgaste psicológico. Pero nadie ha llegado tan lejos, preciso es  reconocerlo. 

Continuación del libro de Betty Clermont, 

CAPÍTULO 2. CATOLICISMO, LA RELIGIÓN PREFERIDA POR LOS NEOCONSERVADORES


Quienes están al mando del Vaticano son los autoproclamados guardianes del "depósito de la fe", pero algunos están más preocupados por las intrigas temporales, incluso el asesinato, ya que las facciones han competido en cada época para colocar a "su hombre" en el Trono de San Pedro. Estos crímenes y maniobras están relacionados con la capacidad de la Iglesia Católica Romana para colocar y mantener en el poder a los gobiernos civiles.



A principios del siglo XX, a los ordenados generalmente ya no se les permitía ocupar cargos gubernamentales, pero existían dos grupos de laicos poderosos —los Caballeros de Malta y el Opus Dei— cuyas ambiciones estaban entrelazadas con las de poderosos clérigos, todos dispuestos y capaces de promover los intereses católicos romanos en el ámbito secular. Ambos grupos contaban con el apoyo de una institución financiera secreta fuera del alcance de cualquier regulación nacional o internacional, el Banco Vaticano.

Gracias a sus redes históricas, su alcance global, su pericia financiera —y su destreza en el ejercicio del poder—, el catolicismo se convertiría en la religión idónea para impulsar la agenda neoconservadora en Estados Unidos.


Los caballeros de Malta

Tras la Revolución francesa, los aristócratas católicos asumieron la causa de mantener la unión entre la Iglesia y el Estado. Al perder sus derechos y privilegios ancestrales durante los movimientos democráticos y de construcción nacional que se extendieron por toda Europa en el siglo XIX, los nobles lucharon por revertir el curso de la historia. Si bien la Soberana Orden Militar de Malta (conocida también como los Caballeros de Malta) remonta su historia a la época de las Cruzadas, los caballeros de la era moderna eran aristócratas que se agruparon para protegerse mutuamente durante este periodo. Al igual que el Vaticano, lucharon en sus respectivos países por el retorno a una monarquía basada en el «derecho divino de los reyes». Tanto los caballeros como la Iglesia católica se opusieron a la democratización, considerándola un ataque contra el poder tanto de la nobleza como de la jerarquía eclesiástica.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, resultaba evidente que el viejo orden había desaparecido de forma definitiva; sin embargo, la creciente amenaza del comunismo —que no solo eliminaba a la aristocracia, sino también la riqueza privada y la religión— se consideraba aún peor que la democracia. Para estos nobles y para la Curia romana (la burocracia vaticana), el fascismo se percibía como la mejor línea de defensa frente a la expansión del bolchevismo.

La creciente relevancia de los «nuevos ricos» estadounidenses en el comercio y las finanzas internacionales —sumada a su riqueza en una época en la que la aristocracia europea perdía la suya— los convirtió en candidatos sumamente atractivos para ingresar en la Orden de los Caballeros. Se eliminó el requisito de poseer un linaje real y, en 1927, se fundó una rama estadounidense en Nueva York. John J. Raskob, presidente del consejo de administración de General Motors y cabecilla de un complot fascista para derrocar al presidente Franklin D. Roosevelt, fue el primer miembro. Entre los primeros invitados

figuraron John Farrell, presidente de US Steel; George McDonald, quien amasó una fortuna en el sector del petróleo y los servicios públicos; Joseph Kennedy, empresario de Boston y padre del presidente JFK; y Joseph P. Grace, de la compañía W. R. Grace & Co. A escala mundial, la organización contaba con 3100 miembros estadounidenses.

Palacio de la Orden de Malta en Roma

La Soberana Orden Militar de Malta (SMOM) se define a sí misma como una orden religiosa laica de la Iglesia católica cuya única función oficial es realizar obras de caridad; sin embargo, al igual que otras organizaciones de su misma índole, funcionaba como un club exclusivo de élite —una especie de «círculo de amigos»— a escala internacional. Sus miembros provenían de las esferas más altas del mundo empresarial y gubernamental, incluyendo a jefes de Estado. En ella tenían cabida individuos norteamericanos y latinoamericanos de ideología derechista que se consideraban parte de una clase privilegiada, destinada a ejercer el poder. Lo que diferenciaba a los Caballeros de Malta de otros grupos anticomunistas similares eran sus vínculos con el Vaticano, así como la profunda memoria colectiva que ambas instituciones comparten sobre siglos de intrigas y maniobras políticas maquiavélicas.

La Orden de Malta se convirtió en uno de los grupos más reaccionarios y poderosos del mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, sus miembros estaban aliados con grupos falangistas en España, con el régimen francés de Vichy —de corte católico tradicionalista—, con los fascistas italianos y con los partidarios de Adolf Hitler en Alemania y Austria. Durante la contienda, muchos caballeros —incluso ciudadanos de países aliados o no alineados— continuaron haciendo negocios con sus socios comerciales en el Tercer Reich. William «Wild Bill» Donovan, un abogado católico de Wall Street y jefe de la OSS (precursora de la CIA) durante la guerra, utilizó sus contactos con la Orden de Malta y el Vaticano para recopilar información de inteligencia. El primer director de la CIA, Allen Dulles —quien no era católico—, también colaboró con figuras influyentes del catolicismo internacional para combatir a los soviéticos y a la China comunista. Tres directores posteriores de la CIA —John McCone, William Colby y William J. Casey— fueron, a su vez, miembros de la Orden de Malta. Sus operaciones encubiertas en Vietnam del Sur, Europa del Este y América Latina requerían agentes familiarizados con las estructuras de poder locales, entre las cuales se encontraba la Iglesia católica.

En 1951, el gobierno italiano otorgó estatus soberano al Palazzo Malta, sede de la Soberana Orden Militar de Malta (SMOM) en Roma. Al igual que el Vaticano, la Orden tiene la capacidad de emitir sus propios sellos, moneda y pasaportes. Mantiene relaciones diplomáticas con más de 100 países y cuenta con el estatus de observador permanente ante las Naciones Unidas. El Gran Maestre ostenta, dentro de la Iglesia católica, un rango equivalente al de un cardenal.

Caballeros de la Orden de Malta

Los Caballeros de Malta fueron especialmente influyentes durante la administración de Nixon. Un hombre de confianza de Nixon, el magnate de los aerosoles Robert Abplanalp, era Caballero de Malta, y el presidente nombró a dos secretarios del Tesoro que tenían vínculos con dicha orden. David M. Kennedy, a pesar de ser mormón, llegó a presidir el Continental Illinois National Bank and Trust Company de Chicago tras abandonar el gabinete de Nixon.

Esta institución manejaba la mayor parte de las inversiones estadounidenses del Vaticano y también era el conducto para el dinero que fluía desde el Vaticano para la causa anticomunista, especialmente en Europa del Este. Cuando el socio italiano del Banco Vaticano, el Banco Ambrosiano, colapsó en 1984, también lo hizo el Continental, reemplazando a otra institución financiera, el Franklin National Bank de Long Island, propiedad del Caballero de Malta Meichel Sindona, al mayor banco quebrado de EE. UU. hasta el momento. Ambos bancos recibieron masivas cantidades de los contribuyentes estadounidenses para rescatarlos. poco antes de renunciar a su cargo, Nixon nombró al Caballero de Malta William E. Simon secretario del tesoro. Simon jugaría un papel fundamental en la financiación de la maquinaria de propaganda neoconservadora.

En 1969 el asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, dio instrucciones a través de su asistente militar —el general Alexander Haig, miembro de la Orden de Malta— para colaborar con sectores italianos de extrema derecha con el fin de derrotar a un Partido Comunista Italiano que estaba cobrando fuerza. Con el respaldo de Estados Unidos, se puso en marcha una operación encubierta conocida como la «estrategia de la tensión». El embajador estadounidense en Italia, Graham Martin —designado por la administración Nixon—, se encargó de gestionar parte de la financiación. Se llevaron a cabo ataques terroristas contra civiles italianos, orquestados de tal manera que la culpa recayera sobre los comunistas.

En 1975, cuando el papa Pablo VI se mostró favorable a un gobierno de coalición en Italia que incluyera tanto al Partido Comunista Italiano como a la Democracia Cristiana, Clare Boothe Luce —dama de la Orden de Malta— fue designada para formar parte de un grupo que incluía a otros miembros de la Orden, como el director de la CIA, William Colby, y el funcionario de la CIA Ray Cline, con el fin de hacer frente a esta amenaza.

“Se aseguraron de que (el papa Pablo VI) supiera que Estados Unidos jamás toleraría la participación de marxistas en el gobierno italiano...

Cuando el papa criticó la represión colonial y recomendó sistemas económicos y sociales más equitativos, un grupo internacional de empresarios, encabezado por George C. Moore —presidente de Citibank—, le pidió al pontífice que aclarara su postura. El papa emitió una declaración posterior en la que afirmó que no estaba en contra de la empresa privada.”

A medida que los patricios del «establishment» del Este fueron desplazados de los puestos de liderazgo en el Partido Republicano estadounidense por neoconservadores más agresivos y sin escrúpulos, el poder en la Iglesia católica —bajo el patrocinio del papa Juan Pablo II— pasó de la Orden de Malta al Opus Dei.


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