lunes, 19 de diciembre de 2016

MEMORIAS DE UN MANICOMIO (2)



“Memoria de un manicomio” no me ha decepcionado. Explica González Duro cómo fue llamado a Jaén en el año 81 para implementar la reforma del psiquiátrico dependiente de la Diputación Provincial. 
Se encontró un gran desbarajuste, mucha comodidad y vicios adquiridos, una jerarquía inamovible dentro del manicomio desde el intocable director que tenía todas las llaves hasta el último enfermo del llamado “pabellón de sucios”. La gestión del manicomio giennense era un paradigma de cómo se entendía la asistencia pública a las personas con dificultades mentales en la dictadura. No se trataba de curar a nadie o hacer la vida más llevadera, haciendo sentir persona a los enfermos. El manicomio era un lugar donde se encerraba y aparcaba en condiciones muchas veces límite de suciedad e indignidad a los individuos que no tenían lugar en la familia y en la sociedad.
 Resultado de imagen de memorias de un manicomio
La psiquiatría comunitaria de González Duro promovía un régimen menos carcelario, un trabajo en equipo de los diferentes profesionales, sin las rigideces jerárquicas según las cuales por ejemplo sólo los médicos tenían acceso a los historiales de los pacientes.
Médicos, enfermeros, auxiliares, trabajadores sociales, celadores y los propios enfermos tenían un papel que jugar en la terapia.

Lo que ocurrió en el psiquiátrico los Prados no puede ser más sintomático de la “España transicional”. El PSOE, en su primer año en el gobierno de España traía esperanzas consigo, o muchos españoles habían despositado en ese partido político, después de 40 años de prohibición ¡la izquierda estaba en el poder!

González Duro tenía que renovar el manicomio. Sin embargo los responsables políticos provinciales demostraron que no sabían adónde iban. Cuando empezaron los cambios, no tantas llaves, mayor limpieza, profesionales sanitarios en lugar de monjitas, uso de espejos y cinturones por parte de los enfermos que hasta entonces deambulaban por el sanatorio agarrándose los pantalones para que no se les cayeran, comidas que no eran sólo papilla, uso de cuchillo y tenedor, menos medicación y más terapia, peluqueros y barberos, visitas a domicilio  por la provincia para conocer los entornos, las familias adonde podían regresar y ser acogidos…. cambios en el trabajo de los que estaban acostumbrados a hacer de su capa un sayo dentro del manicomio, empezaron los problemas.

González Duro se encontró con una dura oposición por parte de la derecha médica de la ciudad, también de la prensa entonces en manos de la UCD. Se publicaban barbaridades sobre la reforma y el reformador. Los del PSOE estaban más preocupados por las futuras elecciones y por no crearse enemigos que por el bienestar de los enfermos. En sólo dos años el psiquiatra había conseguido muchas cosas, pero también las resistencias fueron tantas que al final lo echaron.

Los socialistas querían cambios pero no hay cambio sin molestar, no querían ni se atrevían a ir demasiado lejos. No quisieron adecuar el rígido aparato jerárquico administrativo que venía del franquismo a los nuevos objetivos asistenciales, incluso lo reforzaron con mayores trabas burocráticas y ordenancistas.

Me parece reseñable decir que en este caso los socialistas provinciales usaban palabras nuevas “querían una alternativa a la salud mental existente” para seguir haciendo lo mismo. El cese de González Duro no fue un caso aislado. También pasó lo mismo en Sevilla, Barcelona y Málaga. El psiquiatra que traía novedades llamado por el PSOE fue cesado tras las elecciones municipales de 1983 en las que los socialistas salieron reforzados y decidieron marcha atrás.

Mutatis mutandis este ejemplo y experimento se puede trasladar a muchos otros campos que nos son más cercanos y conocidos. Jaén, pequeño laboratorio y experimento de lo que da de sí una transición a la democracia tan falsa como la española. Merece la pena este librito de 250 páginas que se lee en unas horas y es un paradigma de las cosas que han ocurrido, no se puede cambiar si no se empieza llamando a las cosas por su nombre.