DIOS O EL ORO
Muy buenas reflexiones colofón del testimonio las de Flavia que por si acaso nunca se ha dado por aludida, no sé por qué. Tras su salida siguió un tiempo "enganchada", confesando con cierto cura, ¿yendo por el centro? me cuesta entenderlo/la. Pero es la tradición, los hilillos sutiles que no se cortan. Hasta que una monja dominica le habló claro, "para sanar, cortar". Al final habla de la mitificación de los comienzos, tan generalizada. Sí, pero una cosa es la mitificación y otra la mentira directa, de tal manera que no hay forma de aclararse.