El oficio de ser hombre. La algodicea




Me he encontrado por casualidad con este título filosófico,  me ha parecido la filosofía que vale, un libro hecho desde la propia realidad, el propio cuerpo, la circunstancia de ser, en este caso, un discapacitado, y como afrontar la vida.
Los que no tenemos discapacidades miramos con lástima a los que sí, pero leyendo este libro te paras a pensar si no seremos nosotros los que damos pena. Tenemos todo tan fácil que no valoramos ni disfrutamos nuestras capacidades.

No todas las personas con discapacidades son filósofos ya lo sé. Me ha impresionado y este libro es la filosofía que me gustaría ser capaz de escribir. Menciona a Cioran, el filósofo rumano que se atrevió a ponerle semejante título a su obra: "Del inconveniente de haber nacido":

"El sufrimiento abre los ojos, ayuda a ver las cosas que no se habrían percibido de otro modo, Sólo es útil para el conocimiento y, al margen de ello sólo sirve para envenenar la existencia."

Los griegos hacían un juego de palabras "ta patemata matemata", lo que hace sufrir, enseña. Ellos inventaron la "algodicea" que parte de la experiencia de que no hay nada peor que un sufrimiento gratuito, absurdo, desprovisto de sentido. Mientras que la joven madre olvida alegremente los dolores del parto, mientras el trofeo del vencedor hace deaparecer los arañazos y las agujetas, los sufrimientos gratuitos y estériles no desaparecen nunca. Nos desposeen, nos privan poco a poco de la libertad. Así, frente al escándalo y, sobre todo, frente a lo absurdo de aquello que duele, los antiguos invitan a usar todos los medios posibles para hacer fructífero el momento doloroso.

No se trata de correr en busca del peligro, ni de revolcarse en el sufrimiento, sino de aprovecharlo cuando este se impone.

Aunque el sufrimiento envenene la existencia, también enseña. ¿Pero como puedo, a mi vez, practicar la algodicea? Los débiles me enseñan que sacar provecho del sufrimiento es, primero, aprovecharse, gozar de la vida. Celebrar lo que le da valor.

Y he pensado que efectivamente es lo que le da valor a nuestras penalidades, su "utilidad pública", nada más. De nada sirvieron cilicios, disciplinas, ayunos y mortificaciones varias opusianas, el hambre horrible que se pasaba cuando te tirabas dos horas entre la levantada y el desayuno porque en medio había que hacer la limpieza de la casa, la oración y la misa... esto de adolescente y joven era duro.

Me ha agradado aprender de un teólogo José Comblin que las prácticas ascéticas que iniciaron los monjes del desierto en Egipto y que son el origen del monacato en el cristianismo que tantas formas ha revestido en casi dos mil años, realmente Jesús no lo practicó, ni era el centro de sus enseñanzas que la gente fuera célibe, que ayunara, que hubiera una clase sacerdotal diferenciada del pueblo... que se vistiera de saco y ceniza....que pasara hambre, se subiera a una columna.... tipo fákir. Y algo de eso había cuando eras joven e inexperta en el opus: la tabla sobre la que dormía, la ducha de agua fría por las mañanas heladas de invierno, dormir sn almohada, no apoyar la espalda en la silla, no cruzar las piernas....

Haciendo el fákir no se va uno más directo al cielo... Pero yo me creí que sí, que era preciso. Lo preciso es vivir y la vida lleva consigo su propio afán, no es necesario ir a buscar "gimnasias".

Alexandre Jollien comenta:

"por lo general se contempla con compasión a los individuos heridos. Su discapacidad, piensan, les condena forzosamente a la desgracia, su ceguera les prohibe la alegría, su enfermedad les prohibe de todo. Pero quien se acerca a ellos tendrá que revisar su juicio...
Recuerdo el júbilo que compartíamos mis compañeros y yo para celebrar una victoria cada uno de nosotrs aullaba. Aullábamos por la carta de un amigo encontrada en el buzón, o por un encuentro, o al recibir una buena noticia.

Cuando se acepta luchan con lo cotidiano, se acaba inevitablemente por desnudarse, pues lo esencial requiere una especie de ascesis de cada instante. La algodicea es, en primer lugar, la esperanza exigente de que la prueba que abruma no me aniquilará. Debo oponerle resistencia, proseguir a toda costa con el ejercicio de mi libertad, no dejarme vencer a fin de mantener mi alegría como un arma indispensable.

¡Qué delicada proeza para quien sufre una enfermedad degenerativa o para quien recorre la existencia sin el apoyo de nadie!"

Comentarios

Isabel C ha dicho que…
Ana, habrá que divulgar esta doctrina que dice que el sufrimiento sólo es útil cuando sirve para evitar otros. Pues... sigamos.

El juicio de Enrique Rojas no cambiará nada a no ser que lo incapaciten de por vida.

Por cierto... ¿qué te gustaría preguntarle?
Si quieres, envíame alguna pregunta antes del martes a medio día, se la pasaré a mi abogado.

Sé más del caso de María Menchaca, No podéis imaginar las salvajadas que hizo Enrique Rojas con ella.
No sólo vio a sus hijas a sus espaldas, les hizo tests, que luego interpretó él ¡claro!.
Hasta les preguntó con quien querían vivir, si "con papá" o "con mamá". Daño gratuito a unos niños. No he preguntado la edad q tenían de lo helada que me he quedado; creo que tendrían alrededor de 10 años.

¡Qué se habrá creído este tío! No sé si son delirios de grandeza o perversidad opusdeísta.

Ahora que me han relatado el caso con más detalles, M. Menchaca, en su día, no podía ser consciente de todo. Sus mecanismos de defensa se lo impedían. Se hubiera desquiciado de verdad si llega a asimilar tanto palo de golpe.

En un plis plas te derrumba la vida con difamaciones, calumnias y afirmaciones como si fuera Dios, cuando es un maquiavélico impostor.

Me pregunto por qué no aplica esta crueldad con sus hijas el sinvergüenza éste. No tenía ninguna necesidad de ir a desfogarse con los hijos de los demás ¡tenía a sus hijas!!
Anónimo ha dicho que…
Por su interés paso el link de este artículo de Lucía Etxebarria en "Adn".

http://www.adn.es/blog/lucia_etxebarria/opinion/20110117/POS-0002-Beaterias.html
Anónimo ha dicho que…
Pónganse a cubierto. Ya llega. Me mareo. Lo que nos queda por ver. Me voy a tomar las sales.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/01/17/cultura/1295254256.html
gadero ha dicho que…
Querida Ana, soy yo, Gabriella De Rosa, tu amiga italiana! Feliz ano nuevo y un abrazo muy fuerte.

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