TAPIA PIONERA. FORMACIÓN DE LA DERECHA RELIGIOSA EN EEUU
Un análisis de la vida de Carmen Tapia, que "conoció" en 1947 como empleada del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su jefe, Raimundo Paniker, se transformó en su director espiritual. La invitó a un retiro predicado por él mismo, recordemos el espíritu abierto, la alta cultura y demás dones que adornaban a este sujeto, puestos al servicio de la "estructura de pecado". Carmen abandonó a su novio y la proyectada y "aburguesada" vida para transformarse en numerary. Me hubiera gustado preguntarle si ya entonces usaban esa nomenclatura.
Dice que tras los horrores vividos en la guerra civil en Madrid, miseria, bombardeos, empobrecimiento y desaparición de varios familiares, la juventud era idealista y más madura de lo normal. Había ganas de "hacer algo" especial por el mundo.
Como "Opus Escrivae" no saca a nadie de su sitio dejó sus tareas en el CSIC y fue enviada a Córdoba. Allí trabajó en la administración del cm Alcazaba, cocina, planchero, limpieza...las tareas típicas de las primeras y de las segundas. "Silenciosa y operativa misión", el "apostolado de los apostolados", aunque era una vida de encierro y servicio a los hombres de la residencia con los que no se podía ni hablar ni cruzar miradas.
En 1952 es destinada a Roma. Allí le llamó la atención el lujo, la comodidad, la ostentación de oratoris, comedores y demás estancias de la casa central. El laberinto de oscuros e intrincados pasillos. Un auténtico búnker, tuve ocasión de visitarlo una vez. Contrastaba con las dificultades económicas que según escribió se vivían en ese momento en las casas de mujeres de España.
Y en 1956 a Venezuela donde puso en marcha la labor con mujeres, en particular, una Escuela de Hogar y filosofía, con la que procuraban acercarse a las féminas de buena familia casadas o hijas de mandatarios. También estableció las habituales sociedades auxiliares en estos casos. Pero algo debió de hacer mal porque en 1965 sus compis en el gobierno de la región de Venezuela la habían denunciado a Roma y por ello el founder la llamó de un día para otro a la Ciudad Eterna. Tenía que irse sin despedirse, la llevaron engañada, "vas a descansar".
Allí se encontró el Gulag opusino con el founder al mando de sus particulares carceleras, numes con las que había convivido en España y en Roma, transformadas en esbirras interrogadoras de la oveja descarriada. El capítulo de la santificación de la expulsión de la numeraria no debe de figurar entre las actas del proceso de canonización.
Antes de que naciéramos las cohortes que íbamos a repoblar los centros de España y el extranjero en el último cuarto del siglo XX, el carismático barbastrense y sus huestes ya había dado lo mejor de sí mismos.
Salió deshecha de la experiencia. Tuvo que buscarse la vida, aunque tenía red familiar y amistosa que la acogió. De los Opus no recibió ni su certificado de estudios, se refería a las asignaturas cursadas en el Studium Generale. Lo que trabajas y estudias de puertas adentro no figura en ningua parte si ellos no quieren que figure. Siguieron sus pasos poniéndole zancadillas en los trabajos que intentó en Madrid. No se decidió a contar lo vivido hasta 1992, cuando no la recibieron como testigo en el "proceso" y cuando ya estaba acordada la ceremonia de la beatificación. Había pasado mucho tiempo en el que pudieron seguir haciendo de las suyas sin límites ni fronteras.
De Betty Clermont, "Neocatólicos y nacionalcristianismo en NorteAmérica" (2009)
CAP 4 FORMACIÓN DE LA DERECHA
RELIGIOSA
En 1976, William
Simon, exsecretario del Tesoro de Nixon, Caballero de Malta y partidario del
Opus Dei, fue nombrado director de la Fundación John M. Olin (empresa de
productos químicos y municiones). Junto con las fundaciones Sarah Scaife, Smith
Richardson y J. M., la Fundación Olin estableció centros de distribución de
donaciones corporativas.
El plan era sencillo y directo. Conservadores adinerados
apoyarían fundaciones que, a su vez, fomentarían voces conservadoras en las
universidades, los medios de comunicación y, por supuesto, en la política
religiosa. El objetivo era cambiar no solo el mensaje, sino todo el panorama
político, disfrazándolo para que pareciera más centrista de lo que realmente
era. Un mensaje unificado sobre cualquier tema, con sus argumentos
preestablecidos, llegaría intacto desde el centro de estudios, directamente al
medio de comunicación encargado de difundirlo en el discurso público y,
finalmente, al candidato político que lo utilizaría como tema de campaña. La
repetición y la unidad se han convertido en el sello distintivo de su éxito,
incluso cuando los hechos son incorrectos."
Con el fin de fomentar una reacción populista contra
políticas económicas progresistas —tales como la igualdad salarial por un
trabajo de igual valor, la protección de los trabajadores y los consumidores, y
las garantías sociales del *New Deal*—, «su arma preferida fue, y sigue siendo,
tacharlo todo, de manera generalizada, de inmoral e impío».
Los centros de pensamiento podían generar propaganda
secular, pero solo una religión nacional —similar a la que existía en España—
lograría convencer a un número suficiente de estadounidenses de que la
redistribución de la riqueza, desde las clases pobres y medias hacia los más
acaudalados, no solo redundaba en su propio beneficio, sino que era «la
voluntad de Dios». En su ensayo «Metáfora, moralidad y política», George Lakoff
explicó cómo era esto posible. Concluyó que los conservadores políticos
perciben el mundo a través de la metáfora del «padre estricto». En este modelo
familiar, la madre queda relegada a gestionar las tareas cotidianas del hogar y
a criar a los hijos bajo la dirección del padre; es él quien asume la mayor
responsabilidad y toma las decisiones fundamentales. La función protectora del
«padre estricto» no solo explica el apoyo conservador a unas fuerzas armadas
robustas y a un sistema de justicia penal severo, sino que, en un universo
dominado por los hombres, los prejuicios antifeministas y homófobos están tan
presentes en las mujeres —que dependen de ellos— como en los propios hombres.
Según Lakoff, el
rasgo más valorado en la cosmovisión conservadora es la obediencia. «Del
mismo modo que el buen hijo obedece a sus padres, una persona moral obedece a
una autoridad moral, que puede ser un texto (como la Biblia o el Corán), una
institución o un líder». La creación de autoridades morales que defendían los
valores deseados conformó el marco ideológico de la derecha religiosa. Los
neoconservadores pudieron sacar provecho de las inseguridades de la gente
prometiendo no solo unas fuerzas armadas y policiales sólidas, sino también
certeza y rectitud religiosas. Valores morales basados en el «no harás» —en lugar
de en el «ama a tu prójimo»— se incorporaron a la plataforma política del
Partido Republicano.
Los donantes de fundaciones, que financiaban al personal de
centros de estudios, publicaciones y el acceso a los medios de comunicación,
también estaban dispuestos a pagar a líderes cristianos que predicaban la
lealtad al Partido Republicano. En muchos sentidos, la religión ofrecía una
mayor «rentabilidad» que los medios seculares, ya que el clero goza de ventajas
frente a los analistas políticos: operan bajo ciertas inmunidades, gozan de
deferencia y poseen privilegios específicos. Tienen libertad para arremeter
contra cualquier política cívica o funcionario público —amparándose en la
libertad religiosa y utilizando fondos exentos de impuestos—, siempre y cuando
respalden posturas y no a personas concretas. Cualquier oposición a la postura
de un líder religioso puede presentarse, además, como una persecución religiosa
por parte del «establishment liberal».
Mientras se preparaba al cardenal Karol Wojtyla para liderar
la denominación religiosa más grande de Estados Unidos, se requería de otros
cristianos conservadores para conformar una mayoría con capacidad de voto. Los
fundamentalistas y evangélicos no eran conocidos por su compromiso cívico, pero
necesitaban un impulso para incrementar su participación política.
Weyrich manifestó su intención de unir a católicos y
protestantes de derecha en un bloque político, haciendo hincapié en valores
familiares cargados de una fuerte carga emocional. Se reclutó a pastores fundamentalistas
y evangélicos mediante promesas de financiación y acceso a los medios de
comunicación nacionales; sin embargo, los influyentes líderes católicos —ya
habituados a una institución religiosa autoritaria y políticamente diestra, y
vinculados a redes financieras y de derecha de carácter internacional—
permanecieron firmemente al mando. Ellos
fundaron y dirigieron el nuevo «cristianismo» nacional: una unión entre la
Iglesia y el Estado, posible gracias a un electorado dócil y bajo control.
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