EL ENIGMA FERNANDEZ DE LA MORA

Me han dicho en opuslibros.org que el ministro de obras públicas franquista (1970-1974) y diplomático de carrera Gonzalo Fernández de la Mora (1924-2002) nunca fue del Opus Dei. Yo lo he puesto como supernumerario, estaba casado con cuatro hijos y como sale ininterrupidamente desde los años cincuenta a la vera de las publicaciones Opus Dei como Arbor y de los personajes Opus Dei como el numerario Laureano López Rodó todo inclina a pensar que perteneció al Opus Dei.


Resulta muy extraño esta insistencia por partida doble (Moncada y Ottokar) y sin aportar pruebas de lo que se dice. Y también es molesto que personas que han salido del Opus Dei hace años actúen así, haciéndose eco de la propaganda opusina sin dar explicaciones. Esto me molesta bastante, que el Opus Dei mienta, oculte, falsifique está en la naturaleza de las cosas. Que nosotros que hemos padecido los métodos opusinos y andamos leyendo desde hace tiempo los efectos devastadores de la doblez repitamos sin analizar me duele bastante más.

Además hay un axioma que casi podemos establecer sobre el Opus Dei, cuando se empeñan en desmentir algo, en este caso la pertenencia de Fdez. de la Mora, casi seguro que la supuesta falsedad es verdad. Nos hemos ido dando cuenta con el paso de los años de estudiar este tema.
Fernández de la Mora cortando la cinta de inauguración de alguna autopista

¿Cómo averiguar la verdad de su pertenencia? Me llama mucho la atención que se diga por todas partes que no perteneció, cuando estuvo siempre en la “facción Opus Dei” desde los años 50. Y sobre todo cuando de otras personas no se suele mencionar oficialmente el hecho de su pertenencia, lo sabemos porque estuvimos dentro. 

En la España de Franco hubo “familias” que se disputaban la hegemonía cultural del país, en los 50 fueron falangistas y Opus Dei. Jugaban a ver quien era más fiel al “espíritu del 18 de julio de 1936” y a la iglesia católica romana. Y hay que decir que los opusinos de aquella época eran implacables y no dejaban pasar ocasión de señalar sus sospechas de heterodoxias en los demás. Si por ejemplo Laín Entralgo, intelectual falangista rector de la universidad de Madrid, defendía la obra de Unamuno, esto era ya motivo de escándalo para los del Opus Dei.

La afirmación de Moncada sobre que Fdez. de la Mora ni siquiera era cristiano me ha provocado un auténtico cortocircuito ¿cómo puede ser que Franco nombrara ministro a un no cristiano?. Eso se compadece mal con las afirmaciones del mismo Jose Javier Esparza, el alumno del Retamar y trabajador de Intereconomía, conocido antes como Estrella polar por su programa en la Cope, quien asegura que era católico:

Aunque era hombre de convicciones religiosas –católico-, su pensamiento no es confesional; más bien podríamos definirlo como una antropología de la fundamentación racional, es decir, como un buscar la razón correcta de las cosas y de los juicios que sobre ellas formulamos.”

 Tampoco casa con el hecho de que Fdez. de la Mora redactó en 1957  junto con Laureano López Rodó (numerario) las leyes fundamentales del Estado de Franco que señalaba las ideas fuerza del régimen (patria, religión, familia, monarquía, participación orgánica). Un no cristiano haciendo las leyes de un reino que tiene como base la religión católica es cuando menos desconcertante.

Otro cortocircuito en todo esto lo plantea Rafael Calvo Serer (otro numerario original y evolutivo) en un artículo aparecido en “Ecrits de Paris”, 1953 “La política interior en la España de Franco”. Allí venía a acusar a los falangistas (Laín Entralgo, Antonio Tovar, Javier Conde) de haber traicionado ese espíritu del 18 de julio y de “desviacionistas” del pensamiento tradicional encarnado en Donoso Cortés, Vázquez de Mella, Menéndez Pelayo. Viejas glorias de la reacción española. Lo mismo les ocurre a los democrata crisitianos (Ruiz Giménez, ministro de educación entonces), según Calvo Serer no tienen convicciones. La Tercera fuerza que viene a iluminar la España de 1953 son el conglomerado de revistas como “Arbor” en las que escribían opusinos y afines. Ellos son los defensores de la Cruzada fieles al pensamiento de Ramiro de Maeztu, mártir en  la guerra civil a manos de los marxistas.

En el elenco de nombres fieles a la Cruzada figura Fernández de la Mora, y si no era creyente tiene bemoles figurar en una lista de cruzados al servicio de la religión de estado. Aparecen también: Torcuato Luca de Tena, Pemán (fue supernumerario), Pemartín, Antonio Garrigues, Angel López Amo (numerario y profesor particular del príncipe Juan Carlos), Jorge Vigón, Santiago Galindo, Leopoldo palacios (¿también supernumerario?), JJ Lopez Ibor (supernumerario), Antonio Fontán que llegaría a presidente de las Cortes (numerario) JL Pinillos, Millán Puelles (supernumerario), R. Saumells (numerario), Vicente Marrero (numerario), Alvaro d’Ors (supernumerario)…

Me doy cuenta de que hubo una época en que esto de las denominaciones dentro del Opus Dei  no estaba tan definida como lo está hoy. Y como no hay papeles existe una zona de sombra e indefinición que permitirá al Opus Dei deshacerse de alguien incómodo de cara a la historia por necesidades del guión.

También los “primeros”, Miguel Fisac, han dado testimonio de que en aquellos tiempos no había carta de petición de admisión. Las cosas se han ido formalizando e institucionalizando con el paso del tiempo. Más cambios en el Opus Dei.
Lo que no ha cambiado es que el individuo “se moja”, tienen o tuvieron mi carta firmada por mí pidiendo la admisión, pero la institución no, jamás me entregaron una copia con sello firma y fecha de mi admisión o mi dimisión, por su parte todo fue “oral” y “falsamente familiar”.

Otra cuestión muy curiosa es que en los último tiempos de la dictadura de Franco el mismo Calvo Serer que se erigía en árbitro de fidelidad al régimen franquista en 1953, acabó peleado con compañeros del Opus Dei. Fue a propósito del Diario Madrid que él dirigía o poseía, un embrollo judicial que le enfrentó a Valls Taberner, banquero Opus Dei. Me quedo con que según Calvo Serer en su libro “El affaire del Madrid y el futuro político”, Fernández de la Mora es el “ideólogo” de los tecnócratas, denominación que englobaba a todos los ministros franquistas pertenecientes al Opus Dei.

De aquí
extracto el siguiente párrafo:

Para el señor Calvo Serer el planificador de la tecnocracia es el señor López Rodó y don Gonzalo Fernández de la Mora, su ideólogo. El problema, lógicamente no se plantea con la democracia, "sino con las versiones totalitarias del socialismo (pág. 172). Respecto del régimen español, para el señor Calvo Serer es el neofranquismo" (pág. 172) aunque espera que a los tecnócratas les resulte difícil sobrevivir políticamente al régimen, pero no por inmoralidad, corrupción u otras razones de tipo "ético", sino por algo mucho más grave en el mundo moderno -y también dentro del Opus Dei-; por incompetencia: ". . . la aireada eficacia de los tecnócratas... había acabado... en la incompetencia plasmada en el affaire Matesa" (pág. 174).

Me parece que es Esparza el que más claramente expone en qué consiste lo de la tecnocracia: no hay ideologías en el estado moderno, más bien, las ideologías no sirven para gobernar porque los estados son demasiado complicados. Entonces se imponen soluciones técnicas. Para que veais que no me lo invento se puede leer el artículo completo aquí:



De ahí saco este texto:

La idea del Estado que nuestro autor propone no implica un sistema político concreto. Puede valer tanto para un régimen democrático como para uno autoritario; por eso ha permanecido como una categoría intelectual siempre vigente. Sin embargo, a Fernández de la Mora se le presentó varias veces la oportunidad, realmente rara en la vida de un intelectual, de llevar a la práctica algunas de sus ideas.

La primera oportunidad de materializar ideas en el plano de la política real vino cuando, en 1957, López Rodó le llamó para elaborar, juntos, las leyes fundamentales del Estado de Franco. El régimen del 18 de julio había vivido desde 1936 una progresiva institucionalización: tenía que dejar de ser un régimen excepcional, nacido de una guerra, para convertirse en una forma de Estado sólida y estable. A ese objetivo correspondían los dos textos que López Rodó y Fernández de la Mora redactaron: la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento, que señalaba las ideas-fuerza del régimen (patria, religión, familia, monarquía, participación orgánica), y la Ley Orgánica del Estado, que regulaba aspectos tan importantes como las asociaciones políticas o la participación ciudadana. La Ley de Principios fue aprobada enseguida, en 1958, pero la Ley Orgánica del Estado aún tendría que esperar casi diez años. Para muchos, ésta fue una de las causas que impidieron que el régimen de Franco se consolidara como una forma de Estado singular.

En efecto, el sujeto de Fernández de la Mora es el hombre que piensa. Aunque era hombre de convicciones religiosas –católico-, su pensamiento no es confesional; más bien podríamos definirlo como una antropología de la fundamentación racional, es decir, como un buscar la razón correcta de las cosas y de los juicios que sobre ellas formulamos. La vida del hombre se despliega en la Historia como un progresivo avance del logos; no hay necesariamente progreso, pero si hay un crecimiento en la aplicación de la inteligencia racional. En el terreno ético, eso debe plasmarse en un crecimiento moral: el ser humano es perfectible, puede mejorar, y no hay por qué perder de vista el horizonte de la reforma ética, aunque las limitaciones humanas lo hagan inalcanzable. Por ese camino, la coexistencia humana tendría que llevarnos, en nuestro tiempo, a una progresiva desideologización de las sociedades. Un aspecto de eso es el papel del Estado, cuya condición cabal no es sino la de un instrumento técnico puesto al servicio de los fines sociales.


No me voy a dedicar a criticar lo inusual de plantear un esquema político que sirve lo mismo para un sistema político autoritario que para un sistema democrático. Como si esos adjetivos fueran algo “accidental” al sistema político, contar con el pueblo o no contar con él, ¿qué importa? Lo esencial es que el sistema funcione, sería la teoría tecnócrata.

Creo que he captado que efectivamente como dice Moncada, Fernández de la Mora prefería los sistemas políticos autoritarios. Aunque para ser precisos habría que decir que estaba a favor del sistema autoritario del que él formaba parte, y seguramente no las tenía todas consigo de conservar su estatus político en caso del advenimiento de la democracia.

En efecto, entre el año 1975, muerte de Franco, y el 1978, año de la Constitución hubo un tiempo de que no se sabía muy bien para donde iba España, si hacia delante o hacia atrás. Y Fernández de la Mora no estaba por la labor de que las cortes franquistas se disolvieran. Lo cuenta Preston en su biografía “Juan Carlos, el rey de un pueblo”, p. 413. En aquellos momentos de duda del año 1977 incluso se llegó a decir que Fdez. de la Mora podría encabezar un gobierno de salvación nacional, es decir, un gobierno de plena continuidad con la dictadura que muchos españoles querían dejar atrás.
Cuando ya se había redactado la constitución y se iba a someter a referéndum, dado que Fraga Iribarne, jefe de filas de AP el partido al que pertenecía nuestro hombre, pidió el “sí”, Fdez. de la Mora salió de la política.


Con todo me sigue mosqueando el asunto de la no pertenencia al Opus Dei de este personaje, ¿quizás era excesivamente ideólogo político? ¿se corre el peligro de identificar Opus Dei con tecnocracia para siempre si se reconoce su pertenencia al Opus? ¿se mojó demasiado en lo que defendía y resulta incómodo para la posteridad? No tengo ni idea, y dejo el interrogante ahí. Lo que está claro es que estuvo siempre en el bando del Opus Dei “ganador”. Mientras otros, como Calvo Serer que era numerario, llegaron al exilio por desavenencias con representantes del régimen franquista que a la vez eran miembros del Opus. Fernández de la Mora defendió más allá de la muerte del dictador la dictadura, y se hizo famoso por sus críticas a la partitocracia, pero jamás se le ocurrió pensar en un poder que saliera del pueblo.

José Javier Esparza en el artículo citado http://www.facebook.com/note.php?note_id=51935548694
pone a Fernández de la Mora por las nubes, como el gran filósofo político, crítico de la democracia basada en los partidos. Y parece que fue el tal Fernández de la Mora el descubridor de este fallo de la partitocracia. Pero ya Ortega y Gasset en una conferencia multitudinaria de 1931 “Rectificación de la República” dada en el cine de la Opera había llamado la atención sobre la “necesidad de liberar a la Nación de clientelas, grupos o clases.” Este argumento será constantemente esgrimido en los años de Franco por parte de los falangistas y será uno de los “slogans” del régimen para no cambiar.  Así que Fdez. de la Mora había descubierto el Mediterráneo en 1970. Un poco tarde, vaya.

El tal Jose Javier Esparza alaba mucho el trabajo de Fernández de la Mora al frente del ministerio de obras públicas, pero una no sabe a qué carta quedarse, porque según Ruedo Ibérico el puente de Molins del Rey se hundió por su culpa. Véase



Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Han pasado cuarenta años y siguen los mismos "opusinos" de siempre. ¿Será una plaga? ¿Un castigo? ¿Qué hemos hecho para "merecerlos"?

http://www.abc.es/20110801/sociedad/abci-entrevista-yago-cierva-201108010035.html
Anónimo ha dicho que…
Clarísimo. A ver si se animan.

http://www.republica.com/2011/07/28/la-otan-y-el-papa-a-somalia_367667/
joven navarrico ha dicho que…
Si Fernandez de la Mora hubiera encabezado un gobierno de "salvación nacional",continuador del franquismo,seguramente ese gobierno no habría durado ni cuatro telediarios. Y es que las oligarquías del último franquismo sabían que había que reformar el franquismo,hacer un gran engaño político,para tener continuidad. Pero necesitaban la traición de los partidos para hacer el apaño de la Transición. Por eso mismo legalizaron el P. Comunista,para dar una apariencia de democracia a algo que no lo es. Si las cúpulas del P. Comunista,del P. Carlista,los nacionalistas,etc, hubieran deseado la Democracia,jamás habrían aceptado esa legalización otorgada. Les habría bastado decir "NO" para que la estafa transicional no tuviera legitimidad democrática,y posteriormente habría habido un periodo constituyente.
Anónimo ha dicho que…
Ana, no te ofendas pero creo que, en caso de tener que demostrar algo, creo que eres tú la que debieras demostrar que ese señor perteneció al Opus Dei. Yo no creo que Moncada tenga especial interés en manipular un dato como ese. Me inclino a pensar más bien que aunque mantuvo un contacto estrecho con instituciones y personas del opus nunca pertenció como miembro. Que no escribió nunca la cartita para pitar, vaya. El primer párrafo de tu post me suena a aquello de que "la realidad no me eche por tierra un buen titular".

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