¿Quién sigue dentro y quién no?

Se discute si he salido o he dejado de salir, que si se me ha ido la pinza por decir que cualquiera que viene insultando está dentro, y que con si mi actitud doy la razón al opus de que soy una enferma. Por partes:

1. lo que diga el opus hace tiempo que no cuenta en mi vida, desde el día en que comprendí que después de una entrega rendida lo único que había por su parte era esfuerzo efectivo en que todo me fuera mal.

2. Sois legión los que habéis dejado de vivir bajo el techo del centro, incluso tenéis mujer e hijos o marido e hijos, pero seguís conservando las "buenas relaciones". Os hablais con ellos, confesáis, les dáis dinero... Así os hayan hecho las mil y una que hacen siempre, seguís en su órbita.

El opus cuida "exquisitamente" el marketing con los ex. Por el motivo de que nosotros sí tenemos la verdad de lo que pasa dentro. Ocurre que siendo el opus algo tan blindado no hay forma de conocer los entresijos si no es habiendo sido uno de los suyos. Con todos los matices que esta última expresión requiere. Los periodistas especialistas en catolicismo tipo John Allen tienen que dejar de soñar con que a ninguno de ellos "se les van a abrir las puertas que a nadie se le abrieron". El Opus jamás enseña "la cocina" a "los extraños". Ni siquiera a muchos de los que están dentro, que han tenido que dejar de ser numerarios para enterarse de que existía el "vademecum de consejos locales."

De forma que sólo habiendo vivido el día a día de un centro, la rutina semanal, anual de una numeraria se puede estar en condiciones de contar las barbaridades que vivimos "con toda naturalidad".

Pero no sirve de nada contar historias de terror, como te controlan, como no tienes dinero ni amistades, ni salidas, si seguidamente me viene cualquier opus o afín y me voy a tomar unas cañitas con él.
Con esa acción mi denuncia se convierte en churreteo. En papel mojado. Evidentemente no hace falta que el opus venga a decir: "tu testimonio no vale". Es que yo misma estoy tirando por la borda todo lo que he contado.

El opus nos sigue la pista a todos los que nos hemos ido para ver por donde andamos y si nos vamos de la lengua, si la gente nos escucha o cómo salimos adelante. Es vital para ellos que como en la mafia "todas las bocas estén cerradas". Viven de eso.
Veronique Dubrogel ha contado como cuando dejó de ser supernumeraria se tomaron la molestia de llamar a todo su círculo social para desacreditarla.

Y como da la casualidad de que es una forma muy corriente de actuar en la vida, a mí me ha pasado en otros contextos, 1º te puteo 2º te pregunto ¿qué tal Ana? pues lo del opus me extraña y no me extraña. Porque gastan la misma hipocresía que un montón de gente en esta sociedad nuestra, sólo que con más frialdad, menos escrúpulos y bastante más organizados.

No sólo con insultos se insulta. También tratando a la gente como si fuéramos subnormales que no nos damos cuenta de nada. Por eso a mí me parece ofensivo que lleguen correos a opuslibros o aquí a decir "lo siento" en nombre del opus. No se puede "sentir" algo que es actuación institucional probada, repetida, sistemática. Decir "lo siento" después de todo lo vivido es una burla.

Ana Azanza
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