Las tres negruras del opus

Sigo con lo que he leído de Véronique D. Es muy impresionante el capítulo titulado "Ménage à trois". El Opus manda en ella por medio de su directora y el cura, lo mismo le pasa al marido. De manera que aquello no es un matrimonio el opus controla todo lo que se hace en la familia. Le hicieron cambiar a su marido de trabajo porque como profesor no ganaba mucho, en la empresa privada se gana más. No hay tiempo libro en esta familia de supernumerarios. El marido está volcado con el opus y acude con sus amigos a retiros en fin de semana. Da cuenta de la contradicción enorme de un supernumerario español con 16 hijos (supongo será el señor Pi) que se pasea por el mundo dando consejos sobre la familia mientras su mujer se ocupa de la realidad de los niños y de la casa. También del planeta "Tozalitos" construido en Torreciudad con el fin de que hasta en vacaciones los hijos de supernumerarios se mezclen sólo con otros hijos de supernumerarios y así todo quede felizmente en familia.

Otra cuestión en la que yo no había caído es que en los centros de mujeres efectivamente no se nos permitía tocar los vasos sagrados cuando teníamos que preparar los ornamentos para la misa. Hay siempre un pequeño lienzo con el que se coge el cáliz. Y sin embargo, en los centros de hombres, ellos pueden tocar con las manos los mismos objetos. Es decir, la impureza como un distintivo femenino.

Fundamental las cuentas. ¡Qué caro les sale a los supernumerarios su pertenencia! Calcula los gastos que hicieron a lo largo de esos 13 años, 400 euros mensuales si la familia tiene tres niños como media. Más luego los "extras", que si se abre un nuevo centro, que si se necesitan nuevos ornamentos, un oratorio... Siempre pidiendo y los supernumerarios siempre aflojando. Al mismo tiempo un 26 de junio las numerarias se niegan a que las asistentes contribuyan con unas monedas para la estudiante que ha estado cuidando los niños mientras era la misa en honor del fundador.

Tampoco me era conocido el dicho de las tres blancuras de la iglesia: Eucaristía, María, el Papa, y las tres negruras del Opus: sotana, limusina, Ray Ban. Y alucino con el consejo de las numerarias cuando Véronique y su marido iban invitados a una comida: comer un poco antes para no ponerse las botas en le banquete y dar mal ejemplo.... Siempre será el mismo distintivo del opus: no tenemos la virtud pero sí la apariencia de virtud.

El final de la historia, de cómo marido y mujer han acabado fuera del opus tiene también su miga. Ella se va porque quiere, a él lo echan sin contemplaciones. Cuenta las mismas vivencias con la ropa que hemos tenido las ex numerarias ¡a la basura con los faldones y demás hábitos de abuela! El día siguiente de decirles adiós hubo vacíado de armarios en su casa.

Lamento que Véronique después de marcharse aceptara entrevistarse con una numeraria de la asesoría de Francia. No se debe hacer, les das la razón que es lo que buscan. Y después de que la denigraron entre sus amigas para que todo el mundo le diera la espalda, también es de lamentar que llamara a un cura opus y se creyera el cuento de que ese cura le pedía perdón... Siempre serán los reyes de la comedia. Tampoco tiene mucho sentido en mi opinión habiendo estado dentro mantener amistades con supernumerarios. ¡Ya sabemos lo que hay! Para el opus es el cordón umbilical con los ex, de esa forma se protegen de las críticas, porque al final quedas como que no sabes lo que quieres ni lo que dices. Y eso no es verdad.

Ana Azanza
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Comentarios

Luis Mernabo ha dicho que…
Querida Ana: No hace falta que publiques esto, si no quieres.
Con relación a lo que comentas, yo fui numerario a finales de los 70, y a los varones tampoco se nos permitía tocar los vasos sagrados cuando teníamos que preparar los ornamentos para la misa. Había también siempre un pequeño lienzo con el que se cogía el cáliz.
No sé si eso se sigue haciendo ahora o no.
Un abrazo y ¡adelante con el blog!

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