DISPENDIOS Y MISERIA

Gracias por hacerme partícipe de las novedades inmobiliarias de nuestra secta favorita y favorecida por la dictadura, de antes y la de ahora. Qué desfase tenemos en España, entre una oligarquía que nada en millones ¿de dónde salen? y se permite obras faraónicas y una masa de trabajadores unos en paro, y otros dando gracias por tener un trabajo que casi no llega para sobrevivir...Museos van, museos vienen. Obra social lo llaman, indignante que los dispendios no se frenen de ninguna manera.

Moneo, ¿sólo una controversia arquitectónica en toda su carrera? espero que en su despacho no trabajen "arquitectos dados de alta como autónomos". Millonadas suficientes le han llegado para no hacer trampas.
¿Es posible que convivan realidades tan distintas en el mismo suelo?, ciudadanos que pierden su poder adquisitivo, jóvenes que se tienen que marchar, otros que se quedan ocupando puestos muy por debajo de su cualificación profesional, gentes que trabajan sin cobrar o cobrando tarde, "trabajos para la comunidad" mientras se está en el paro a cambio de una miseria, gentes que salen del paro por trabajar unas pocas horas semanales...
Y sin reparo, ni escrúpulo moral, eso lo guardamos para el matrimonio, los fetos y cosas así, otros construyen sin parar. El ladrillo, la forma de mostrar poderío. Nos importa un bledo lo que le pase a la gente de a pie. Las comunidades ricas con su régimen fiscal de excepción facilitan. Es increíble, España con una economía agonizante que se arrastra por el fondo en la que se explota al que se deja "hay que comer" a la vez que las grúas siguen funcionado a destajo para "museos". Y a la vez que los poderes públicos se inclinan ante los millones, mientras dan la espalda a la base. Regalando terrenos al rico, que es lo que se ha hecho en Navarra con OD. Libro de Muez es la referencia, así como el imprescindible Ynfante. Los terrenos del IES Donapea ¿obran ya en su poder mediante decreto barcinense?
Lo dicho: santificación del pelotazo urbanístico.

Por otra parte descubro que ya estamos anticuados: no se dice clínica universitaria, se dice Clínica Universidad de Navarra, ¿por qué el cambio? seguro que hay una razón profunda, no banal.


ESPAÑA 1980-1990 (II)

El 23F el teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero Molina ocupó el congreso a punta de pistola. De forma coordinada, Jaime Milans del Bosch, capitán de la región militar de Valencia declaró el estado de emergencia y pidió al rey que disolviera las Cortes e impusiera un gobierno militar. No se nombra al supercerebro y supernume el tutor del rey desde su adolescencia, Alfonso Armada, título nobiliario y cultivador de camelias. Aunque al volver la vista atrás las acciones de Tejero y Milans parezcan torpes, tenían tradición y precedentes de su lado. Poco podían haber hecho las Cortes o los partidos para impedir el golpe de Estado, mientras que el apoyo del Ejército no estaba nada claro.
Lo que está claro es que aún hoy seguimos renqueando y dudando en incorporarnos a la modernidad.

Lo que determinó el resultado y también el perfil de la posterior historia de España fue el rechazo del rey a las exigencias de los conjurados….Leyenda que Tony Judt no tiene porqué haber profundizado en ella, de hecho no ha profundizado. Nos toca a los propios españoles, exigir claridad y por una vez descubrir nosotros nuestras propias cloacas. Judt ensalza el valor del joven rey que sorprendió a todos, hasta entonces había vivido bajo el espectro de su nombramiento por el dictador. Sin embargo, ahora su suerte quedaba ligada al régimen parlamentario. Al carecer de un símbolo o de una institución que aglutinara sus fuerzas la mayoría de los policías, soldados y demás nostálgicos del antiguo régimen y se  limitaron a apoyar a la Alianza Popular de Fraga, partido recientemente constituido entonces para enfrentarse a los dos grandes enemigos de España: el comunismo y el separatismo, pero respetando la Ley. La idea original de todas formas recordaba mucho a lo que pensaban los sublevados de 1936.

El descrédito de Tejero, permitió a las Cortes reducir el presupuesto militar y aprobar la largamente esperada. Pero la mayoría de UCD se encontraba cada vez más encajonada entre una derecha clerical y nacionalista inquieta por el ritmo de los cambios, perturbada por las autonomías regionales y ofendida por la relajada moral pública de la nueva España, y una izquierda socialista más segura de sí misma que, dispuesta a hacer cesiones sobre cuestiones constitucionales, mostraba sin embargo un rostro intransigente ante el quisquilloso movimiento sindical y ante el creciente número de parados.

Pactos de la Moncloa 1977

Al igual que en Portugal la transición política había llegado en una difícil coyuntura económica. Se debía en gran medida a los últimos gobiernos de Franco que entre 1970 y 1976 habían tratado de ganar popularidad incrementando el gasto y el empleo públicos, subvencionando los precios energéticos, conteniendo los precios mientras subían los salarios y prestando poca atención al futuro a largo plazo. En 1977 comenzaron a sentirse las consecuencias de esta indiferencia, en junio en el momento de las elecciones generales, la inflación llegó al 26% anual, las arcas del Estado ( ya de por sí diezmadas por el regresivo sistema fiscal franquista) se estaban agotando y el paro entraba en una larga curva ascendente. Entre 1973 y 1982 el país perdió alrededor de un millón ochocientos mil empleos.

Nada nuevo que no deje de pasarnos periódicamente.

Al igual que en la segunda República, España estaba desarrollando una democracia en plena recesión económica y se comentaba que el país podía seguir por la senda de Argentina, en la que los salarios determinados por el IPC y los precios subvencionados por el Estado degeneraron en una hiperinflación. Si se evitó fue por la firma de los Pactos de la Moncloa de octubre de 1977, los primeros de una serie de acuerdos consensuados en los que políticos, sindicatos y patronos acordaron reformas: devaluación de la moneda, introducción de una política de rentas, control del gasto estatal y aplicación de reformas estructurales en el enorme y despilfarrador sector público del país.
 Los pactos de la Moncloa y posteriores no obraron milagros. El déficit de la balanza de pagos, en parte debida a la crisis del petróleo, empeoraba cada vez más. Muchas empresas quebraron y el desempleo y la inflación crecían al unísono, produciendo una oleada de huelgas y agrias escisiones dentro de los sindicatos de izquierdas y del partido comunista que se mostraba reacio a seguir compartiendo la responsabilidad de los costes sociales de la transición democrática. Pero no hay duda de que, sin los Pactos estas divisiones sus consecuencias sociales habrían sido todavía más graves.


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