Lo positivo es que se terminó

Me hice esta foto en recuerdo de mis padres, ambos ya fallecidos y espero que en mejor vida que ésta. Recuerdo una foto de los dos en su viaje de novios en esta plaza.

Gracias por la puntualización, efectivamente, el opus dei hace preciosos folletos con fotos de gente joven y no piden permiso a nadie. Yo no estoy haciendo propaganda, ellos quieren salir en el blog y el que no quiere no se pone en la foto. Verdaderamente no hay que escuchar nada de lo que los opus dicen, te transmiten su propia alienación.

Me dice una vecina "que algo habrá de positivo en todo lo vivido". Que en "todas las experiencias humanas hay algo positivo", la frase es muy redonda y queda preciosa. Pero para mí cuando pienso en esos años, ni mi risa era risa ni mi llanto era llanto. No sabía donde estaba, no era consciente de estar siendo utilizada porque era algo que superaba mi imaginación de adolescente, que se pudiera jugar de esa manera con las personas.

De las peores cosas es pensar en las "sufrideras" creyendo que estabas entregando tu corazón, tus afectos más hondos a Dios nuestro señor. Uno de esos momentos clave fue cuando me fui al centro de estudios. Ya que esta foto es un recuerdo de mis padres, las personas a las que yo más quise, quiero hablar de ese día. Era a primeros de julio del 85, Juan Pablo II acababa de sacar la carta a los jóvenes, donde hablaba del joven rico, aquel pasaje del evangelio tan archicomentado en el opus, "del que se fue triste porque no fue generoso para seguir la llamada". Es cruel, es jugar con la fe, con los sentimientos más básicos que puede haber en un ser humano, manipular así el evangelio. Yo hacía mi lectura con esa carta editada como no por folletos Mundo cristiano. Estábamos en Zarauz de vacaciones, y el semestre empezaba hacia el 6 de julio. Así que con la ayuda papal en mi alma, me fui a "cumplir la voluntad de Dios". Dejé a mi madre diciéndome adiós desde el balcón, también dolorida por la separación, y me monté en el coche con mi padre que me llevó a Pamplona. A Goimendi, y allí me dejó en la puerta del colegio mayor. Sufrimiento por ambas partes por el adiós. No sé si esa vez mi padre pudo contener las lágrimas, sí lo recuerdo cuando me dejó en la estación de Hendaya en mi camino hacia París, al centro de estudios. Para morirse de la impresión que me hizo verlo llorar. Pero era un sacrificio " en honor de una vocación". ¡Cuánta trola, madre mía!

¿Y luego qué? que con el paso del tiempo y montones de muchas mentiras más, resulta que el opus se burlaba de nuestros sentimientos de familia unida, de hija que quiere a sus padres y padres que quieren a su hija. A la porra todo. Para servir a su grupo como esclava, poniendo la iglesia por delante, la voz del papa nada menos, agarrándose a la fe sincera que habían sembrado en mi alma. Sufrimiento por una mentira. Esa es una buena parte del drama personal de los que hemos sido numerarios.


Ana Azanza
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