El despacho del diablo

Alejandra, quien estuvo en la cuarta planta ingresada por "problemas de vocación" fue Carmen Charo. He cortado un trozo de su escrito "Recuerdos del camino", que está en opuslibros, en este capítulo

http://www.opuslibros.org/libros/Carmen_Charo/administracion.htm

hacia el final del mismo cuenta como empezaron sus terrores por la vida que llevaba de numeraria doña perfecta. Las típicas tensiones que te crea la vida opusina, en Carmen Charo se manifestó en fiebres, pesadillas, más tarde una inseguridad existencial atroz que la llevaba a recurrir a la directora a cada paso. Me parece que expresa bien como van al alimón las directoras opusinas y los médicos opusinos en estos casos, primero las directoras cuando se les cuentan dificultades te hacen sospechar de tí misma, intentan destruirte más de lo que la vida numeraril te está destruyendo. Y el siguiente paso es "ir al médico".



Habla Carmen Charo:

"Sigo con el curso anual…
La casa donde nos alojábamos creo que pertenecía a la diócesis. El pueblo era Calamocha, un helador, pero agradable pueblo de Teruel. Administraba una señora. Lo hacía muy bien pero, lógicamente aquello no tenía nada que ver con Torreciudad, Castelldaura, Pozoalbero... La casa era muy sencilla y la cocina casera. A mí me encantaba. Me encontraba muy a gusto.

Una mañana, me desperté angustiada por una pesadilla, pero la sorpresa fue mayúscula cuando, en la vida real me seguía persiguiendo el terror de la pesadilla. Era algo que no podía quitarme de encima por más que razonara. Enseguida lo comenté con la directora del curso, que en principio, no le dio importancia.
Viendo que seguía verdaderamente angustiada, me comenzó a preguntar si realmente era sincera, si abría mi alma con total sinceridad o me reservaba algo, si había algo en lo referente a la pureza….
Ahora mismo, a este detalle no le veo malicia, pero esta fue la tónica siempre en la Obra. Ante cualquier problema, siempre es uno quien tiene la culpa. Eres tú quien fallas en algo y además escondes perversiones ocultas.
En todos mis años posteriores hasta mi salida de la Obra, me quedó claro que yo era la responsable de todo lo que me pasaba. Siempre se trataba de falta de entrega personal, de soberbia… Nunca falla el sistema.
Por otra parte, nadie analizó mi vida, mi situación. En ese momento, me echaron encima la carga de vicios o perversiones ocultas, que me atormentaron aún más. Luego, más adelante se trató de pensar que lo que me pasaba era una enfermedad que me había tocado por la gracia de Dios, algo ajeno a todo. Era más o menos como si me hubiese caído, sin que nadie lo provocase, un rayo del cielo y me hubiese cortado un brazo. A partir de aquel momento, tendría que vivir con aquello porque era designio de Dios.
Esto, ahora me parece una aberración, y hoy, culpo a la Obra y sobretodo, a los profesionales médicos que me trataron, por su ceguera, creo que maliciosa y perversa.
El resto del curso anual fue de terror. No dormía nada por el miedo. Comencé a temblar sin poderlo controlar, se me tensaban todos los músculos del cuerpo, me seguía persiguiendo la sensación de miedo atroz. Creí que me iba a volver loca, que iba a perder el control de un momento a otro.
La vida de familia, en el curso, era un puro fingir, lo que aumentaba mi tensión. Me ayudó mucho la numeraria que llevaba mi charla fraterna, que era especialmente maternal y descomplicada. Acudía en su busca cada cuarto de hora para que me ayudara a serenarme. Le estoy muy agradecida. A pesar de todo, la directora del curso, había infundido en mí escrúpulos, de falta de sinceridad, de vicios ocultos contra la pureza… y yo me rompía la cabeza buscando una explicación.
En esta situación volví a mi casa y aguanté cuatro meses, interpretando el papel de directora normal.
También tengo que agradecer a la que entonces fue la subdirectora, por las noches que durmió en el suelo de mi habitación, debido al terror que yo sentía sola por las noches. Creía que me iba a morir al cerrar los ojos para dormir.¡Fue terrible!.
Me llevaron al médico habitual, que me diagnosticó, cansancio, y me recetó reconstituyentes y vitaminas. También me dieron algunas pastillas para dormir.
En abril, ya no se sostenía la situación y me mandaron a descansar a la Lloma, casa de retiros, cerca de Valencia. La directora de la casa era la misma numeraria que había atendido mi charla en el curso anual. Allí permanecí dos años.
Al principio, dormí y dormí, paseé, me dediqué a no hacer nada más que estar y me fue bien. Poco a poco me fui incorporando a la vida ordinaria de la casa. Me fueron encomendando tareas y trabajos." 

Hasta aquí el relato de Carmen Charo.


Yo he sido testigo de numerarias directoras que pasaban descansando semanas o meses fuera de su centro, en una casa de retiros donde hubiera administración ordinaria, por ejemplo el Rubín de Baeza, o  Islabe en Derio, en Francia en Dosnon, lo mismo que Carmen Charo. Llegabas a ese centro por lo que fuera, y resulta que además de las numerarias que trabajaban allí en la cocina, limpieza, planchero y demás intendencia había alguna numeraria directora que no hacía nada en todo el día. Sólo las normas de piedad y la que sabía hacía punto o salía de paseo. Pero ningún tipo de trabajo. Descansaba. Nunca entendí de qué descansaba esa gente, si hubieran estado escardando patatas o cogiendo espárragos....pero con lo señoritas que son las directoras, "de par de mañana" como se dice en Pamplona, de tacón, sin ni siquiera quitar el polvo de su casa,  recibiendo gente en una salita, reuniéndose en el consejo local, dando círculo. En fin, soy del campo para estas cosas y entiendo que la gente se cansa cuando trabaja. 

Ahora comprendo que el cansancio de las directoras es un cansancio psicológico, de desgaste por las mentiras, por la doble, triple y cuádruple cara que si estás al frente de un centro has de mostrar. Carmen Charo en su testimonio muestra que todo lo que no se verbaliza se queda dentro y daña. Cuando no te entienden porque no te quieren entender no porque no se te entienda es para volverse loco.

Hoy es una nimiedad la que choca, mañana otra, y si criticas es mal espíritu. El Opus Dei y sus métodos merecen un estudio serio psicoanalítico, como modo de destrozar pisicológicamente a la gente es de lo más refinado.

Carmen Charo cuenta su primera consulta de psiquiatría en Pamplona en 1984, con la directora de acompañante. Ella ya se veía como una loca de atar, llorando sin motivo por las esquinas. 

Sin haber estudiado ni un año de medicina cualquier ser humano con dos dedos de frente y sentido común le hace un mejor diagnóstico y receta que el que le hicieron a Carmen Charo los psiquiatras de la clínica universitaria. Ya su hermano médico le dió muy buenos consejos que contrarrestaban la doctrina autodestructiva del Opus Dei. Escuchando los consejos de los directores Opus lo lógico y normal es que te acabes pegando un tiro. 

Lástima que a Benedicto XVI no le lleguen esas atrocidades opusinas en nombre de la fe y sí le lleguen las majaderías de los "acusicas" del obispo australiano destituido, "que si lleva corbata, que si hace absoluciones colectivas, que si no sigue al pie de la letra el concilio de Trento...."
Insensateces.

En el último capítulo de su escrito Carmen Charo cuenta lo que se encontró en esa cuarta planta, varias numerarias y un cura ingresado completamente majara. Es tétrico. Habla de una médico numeraria que le daba consejos "espirituales" y de su médico, que en otros lugares ha dicho era una agregada Pilar Gual, la que se cuidó mucho de darle un diagnóstico serio por escrito y de contestarle las cartas que ella le escribió pidiendo consejo cuando salió del hospital. Como hicieron con mi madre, nunca un diagnóstico ni un informe hasta que lo pedí yo a Carmina Gómez Lavín. Mi madre no tenía lo que las opusinas decían, y nunca le dieron lo que necesitaba.

Se me pone la piel de gallina pensando en la gente que a lo largo de los años han tenido y  tienen allí ahora encerrada como fruto de una vida de numeraria. Sinceramente, qué cosa más espantosa, pensar que hay todo un sistema de vida con su nihil obstat eclesiástico en el que la mayoría de la gente acaba con tratamientos psi totalmente prescindibles con sólo quitarse las ortopedias opusinas de la cabeza. Si yo pasara ahora por delante de esa clínica, cruzaría los dedos para espantar la bicha...

He mirado el cuadro clínico de psiquiatría, cualquiera lo puede hacer en internet. Pilar Gual y Salvador Cervera, supernumerario, deben de haberse jubilado. Pero siguen Jorge Plá, super, me parece, al menos sus padres lo son, viven en Ubeda, y Pilar López, numeraria de la Carolina que pitó cuando era estudiante en Goimendi y yo vivía allí. También sigue de enfermera supervisora otra numeraria a la que conozco muy bien Maribel Beunza.

No sé qué tipo de estómago hay que tener para hacer durante años este sucio trabajo de encerrar a la gente que lo único que le pasa es que no puede más con las mentiras,  medicarla, y meterle miedo de que no sea fiel... qué horror, qué miedo da esta gente. Y estábamos totalmente entregadas a ellos, de pies y manos. De la que me he librado.
El demoni que diría Lali...

Comentarios

Alejandra ha dicho que…
Ana, gracias por contestarme tan bien!

Aquí están (sólo) los médicos de la cuarta planta de la CUN para quién lo quiera mirar: http://www.cun.es/la-clinica/cuadro-medico/psiquiatria-y-psicologia-clinica/

Me parece increíble que exista en medio de nuestra sociedad un grupo con un sistema de clases en el que unos se benefician (los súper) y otros son esclavos física y psicológicamente, y lo peor de todo: que todos están en stand-by. Me aterra pensar que sea posible vivir así una vida entera.

El otro día estuve leyendo que la mayoría de alemanes bajo el mando de Hitler se consideraban cristianos. En absoluto quiero decir que los cristianos sean pro-nazis, sino que todos, como seres humanos, somos capaces de creer que estamos haciendo algo bueno cuando la realidad es todo lo contrario.

Me gustaría decirles a los del Opus, que el hecho de ser cristianos no les exime de plantearse si lo que obedecen a su organización es verdaderamente moral. No vale pensar que "lo hacen todos los que están a mi alrededor", "sólo cumplo con mi deber", "no quiero complicarme más la vida"... Por favor!!

Lo peor es que siempre ponen al sistema nazi como ejemplo del error que en la historia el ser humano no debe repetir y blablabla...

No se dan cuenta de que el sistema Opus ya de entrada es el primero que no les permite PENSAR de forma crítica hacia él. ¿¿Cómo confiar en alguien que no te da la libertad de plantearte su bondad o maldad?? La respuesta es obvia no?? Él es el malo.
Anónimo ha dicho que…
ANTONIO DE SENILLOSA:

«¿Por qué no es usted del Opus?» No me seducen demasiado este tipo de encuestas que piden una con­testación brillante, como si se nos exigiera una res­puesta obligatoriamente ingeniosa. Tampoco soy muy aficionado a responder a las cuestiones que a menudo nos proponen en virtud de una fórmula de libro en la que los coautores -los encuestados- no partici­pan de la parte de los derechos que en justicia les co­rrespondería. Finalmente, respeto demasiado la inti­midad de las personas para desear adentrarme en su esfera íntima, aunque bien se me alcanza que el Opus ha invadido unos terrenos que hacen lícito y aun con­veniente el lanzamiento a la arena pública de la pre­gunta.

Pero, ¿acaso no sería mejor formularla de distinta manera? ¿Por qué no indagar -si es que hay posibi­lidades de que sus afiliados respondan con una mínimo de franqueza, lo que parece difícil- las causas que im­pulsan a los hombres a inscribirse en este instituto secular, hoy asociación de fieles? «¿Por qué es usted del Opus Dei?», preguntaría yo. ¿Por ambición? ¿Bus­caba usted protección en sus negocios? ¿Sentía nece­sidades espirituales o un deseo de perfección o, simple­mente, quería ganar fácilmente una cátedra o esca­lar algún puesto relevante? ¿Alguna desgracia le im­pulsó a buscar consuelo en la «Obra» de Monseñor Es­crivá de Balaguer? ¿O tal vez influyó en su entrada en la organización ese extraño magnetismo que parece desprenderse del “Padre”»?

Dejando estas consideraciones aparte, lo cierto es que la pregunta se formula en términos negativos y a ellos habrá que atenerse al responderla .

Quien no tiene barco ni ama la natación, difícilmen­te se inscribirá en un club náutico, como no serán so­cios de Barcelona o del Madrid aquellos a los que el fútbol les aburre.

Por eso no soy yo del Opus Dei. Porque no me gus­ta. Amo la libertad y detesto «la santa intransigencia, la santa coacción, la santa desvergüenza». (Máxi­ma 387). No soy partidario de «obedecer ciegamente al superior» (máxima 941), y «Camino» me parece un li­bro delirante y de una aterradora pobreza intelectual. En cuanto a las «Constituciones» que Ynfante ha publi­cado y nadie ha desmentido, me producen escalofríos en la columna vertebral. Me gusta menos aún que una sociedad semisecreta tenga encaramados en la admi­nistración de los negocios públicos a muchos de sus miembros, copando con preferencia aquellos cargos que más importancia tienen para el desarrollo del país: la educación, la información, la enseñanza, los asuntos económicos.

En fin, por mucho que escarbe en mi imaginación no encuentra razón alguna para acercarme a la aso­ciación de fieles del reciente marqués de Peralta. ¿Ten­dré que reconocer, además, que si es cierto que la re­cluta de sus huestes la hace el Opus preferentemente entre jóvenes guapos, inteligentes y ricos, las solicita­ciones que yo he recibido han sido levísimas, casi in­existentes, como si la Obra no me considerara ador­nado con ninguno de aquellos envidiables atributos y, por tanto, no fuera yo más que una pieza escasamente deseable?
Isabel C ha dicho que…
No sabes Carmen, como me alegro de tu remontada.
Dí que sí, tú adelante que lo mismo que Ana lo estás haciendo estupendamente y seguro que se van a quitar muchas ganas de seguir haciendo lo mismo. Si no es por decencia ni remordimiento de conciencia, va a ser por el miedo a los desnudos que estáis haciendo.
Anónimo ha dicho que…
YO VIVÍ TAMBIÉN ESA TERRIBLE EXPERIENCIA, GRACIAS A LAS QUE TENEIS LA VALENTÍA DE CONTARLA

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