La salida del Opus Dei de Eugenio Trías

Nave de salvación o nave de los Locos era la Obra de Dios, parecía feliz pero una parte de Eugenio Trías registraba cosas absurdas o dementes.

Colonia, Köln, ciudad alemana donde vivió su último año como numerario






“¿Por qué esa innovación importante, la de generar una forma de vida secular de entrega religiosa incondicional, se echaba a perder a causa de que integraba en ella las costumbres, estilos y maneras más reaccionarias y ñoñas que uno puede asociar al peor cromo del catolicismo? ¿Cómo era posible que una orden clerical arcaica, pero mucho más avezada, como la de los jesuitas, le hubiese ya entonces tomado la delantera en casi todo? ¿Cómo podía ser que lo que había nacido como un ímpetu juvenil de transformación de la sociedad en general, y de la iglesia acabara siendo el estandarte de lo más reactivo y repulsivo de ésta? Yo, la verdad, no daba crédito a lo que veía, si bien había optado por ponerme una venda en los ojos; por lo menos durante un tiempo.”

Vive en un año en Madrid, en Diego de León, adónde se traslada por la especialidad de filosofía que todavía no estaba en Pamplona.
Llama a los estudios de filosofía de entonces en la Complutense verdadero esperpento, la facultad era un nido de indocumentados (y de directores generales del régimen). Un año perdido, pero al finalizarlo le proponen ir a Alemania. Le vieron talento. "Con la ilusión de convertirse en alemán con los alemanes", una de las cursilerías para consumo interno de numerarios españoles exportados.
Hizo un semestre en Bonn y tres en Colonia.
Allí descubrió a Hölderlin, las tres críticas kantianas y guiado por el numerario Fernando Inciarte a Platón, que le aconsejaba explotara algunos diálogos de cara a una futura tesis doctoral.
Lo dicho: los numerarios mucho más orientados profesionalmente siempre y sin duda que las numerarias, dedicadas a tareas accesorias y de intendencia. Así se concibió el Opus Dei.

Poco a poco, por contraste con las vivencias estudiantiles que tenía en la universidad, tanto reuniones festivas como otras más serias de debate, la inserción en la Obra le iba resultando un lastre. Dice que los del centro quedaron desolados cuando les comunicó que dejaba la Obra.

“Hicieron lo posible y lo imposible para evitarlo pero se portaron bien conmigo. No fui sometido a “ningún tercer grado” (como parece que sucedió en otros casos según cuentan las crónicas). Todo fueron atenciones y buenas maneras.”

Me encantaría tener acceso a las instrucciones que llegarían al centro en este y otros casos desde la cúspide del Opus Dei, porque pensar a estas alturas que el tipo de salida depende del centro donde estés es muy absurdo. Y el tercer grado no lo cuentan las crónicas, sino Panikker y Carmen Tapia.

“Durante las mañanas en el piso del Stadtwaldgürtel, casi a las afueras de Colonia, ayudaba al secretario de la institución en Alemania. Recuerdo que no paraba de hacer fotocopias; por mis manos pasaban disposiciones que venían de Roma y que se distribuían por las distintas “regiones” de la Obra. Fue allí donde descubrí alguna circular que me llenó de zozobra o que comenzó a sembrar en mí las semillas de la duda. En particular me produjo verdadero escándalo un volante en el que se hacían una serie de recomendaciones a los socios que llegaban a ocupar cargos públicos o puestos políticos. Se les instigaba a que tuvieran consideración prioritaria, con el fin de cubrir plazas vacantes o puestos, por socios del Opus Dei afines, o como mínimo por cooperadores o personas adictas o próximas. Prácticamente se alentaba al enchufismo que todos los enemigos de la Obra, que eran legión entre otros mi propio padre, le reprochaban amargamente.”

“Por esta vez los enemigos parecían tener razón. Leí el documento sin dar crédito a lo que mis ojos veían. Y si en eso acertaban los enemigos, ¿les iba a faltar razón en todo lo demás? ¿No sería la Obra una siniestra maquinaria inventada para la conquista del poder que se aprovechaba de regímenes dictatoriales como el franquista, donde no había partidos políticos, para actuar al modo de un poderosísimo lobby y en el que además confluían las fuerzas más reaccionarias del espectro político?”
 Eugenio Trías llama casposos camisas vieja a los falangistas del régimen, meapilas a los democristianos y le parecen más sensatos, modernos y con altura de miras los ministros Opus Dei del régimen.

 Si es altura de miras que entre cuatro ministros opusinos desviaran los millones del dinero público para el famoso MATESA, habría que verlo con detenimiento.

En la siguiente página nos desvela que un par de años más tarde, cuando él ya había dejado la Obra, su padre “fue eficazmente seguido por esos hábiles tecnócratas, que eran además casi todos catalanes y que veían en mi padre una excelente coartada: un hombre procedente de falange que por evolución mental, estaba muy cerca de sus posiciones en lo económico, aunque quizás más escorado que ellos hacia la izquierda en lo social”. Le ofrecieron el Ministerio de Vivienda. No llegó a tener ese puesto porque entre tanto el padre de Trías cayó enfermo y murió aquel mismo mes, octubre de 1969. Que coincide, Trías no lo dice, con la entrada en tromba de Opus Dei al ejecutivo, tras el escándalo Matesa hubo más ministros Opus Dei que nunca, el llamado “gobierno monocolor”. En primera fila del entierro, qué honor, López Rodó.

Ya se ve que nos movemos en otros niveles como para montar acoso, derribo y persecución a alguien procedente de una familia que mereció tantas atenciones por parte del Opus Dei.
Pero me encanta este gran mundo que se mueve alrededor del Opus y al que incluso se le ofrece una cartera ministerial, porque su padre no dejaba de criticar:

“El Opus quizás nació como una fuerza renovadora (otro que no estaba nada puesto en historia del catolicismo español), pero ha perdido el tren, se ha quedado en la cuneta; el Vaticano II se lleva a cabo sin contar con él; es más se hace muy a su pesar; el Opus es hoy por hoy el sector más reaccionario de la Iglesia. Palabras paternas que iban haciendo mella en mi ánimo. Sobre todo después que un día, hablando con un sacerdote en el lago di Como a este se le había escapado el siguiente comentario referente a Juan XXIII: Ojalá Dios lo tenga pronto en su gloria.”

Eugenio Trías se había refugiado en sus correrías alemanas, en sus incursiones líricas o filosóficas, conciertos, Asociación estudiantil. El devenir de la Iglesia le importaba poco. Más que cristiano o católico se sentía miembro del Opus Dei, y sabía que si dejaba la institución el compromiso religioso caería como fruta podrida. Ni más ni menos fue lo que ocurrió en cuanto dejó de ser numerario.

Tema discutido un tiempo en opuslibros.org, la filosofía en el Opus Dei, esto dice Eugenio Trías:

“La propia libertad de lectura de que gozaba en esa zona franca que era para mí la Facultad de Letras de Colonia, donde mi obligación era leer a Kant, a Heidegger, o a otros filósofos, iba haciendo mella en mi ánimo. El tomismo estrecho de miras que el Opus Dei asumía en la formación interna de sus socios, y que ya había experimentado el año que pasé en Madrid, chocaba con todas las corrientes de la modernidad. En Colonia había una cátedra tomista, en razón de la zarpa eclesiástica de una ciudad que tenía por principal jefe al arzobispo cardenal, pero no poseía ningún prestigio. Me interesaban los filósofos del momento, el existencialismo, Heidegger, hermenéutica de Gadamer y hasta la escuela de Frankfurt(….)”

“Comenzaba a sentir cierta nostalgia de los ambientes familiares y sobre todo de mis antiguos compañeros de colegio o de universidad. Me había querido adaptar al mundo alemán con entusiasmo e ilusión, pero había aspectos de vida que me provocaban fuerte rechazo. Hablaba el alemán con máxima fluidez, leía textos de ensayo y filosofía sin dificultad y hasta me había lanzado a leer alguna novela…”

Le sacó un buen partido a su año alemán, para un filósofo español es todo un lujo poder dominar esta lengua. Y tres años en el Opus Dei siendo un trauma no es lo mismo que 20. Eugenio Trías pudo volver a la juventud interrumpida, reencontrar la familia y la ciudad casi como las dejó. No está mal.

Elenco de todos los dispositivos narrativos que parecían preludiar su final en el Opus Dei: la presión familiar, especialmente paterna, cierto hartazgo ante el estilo de vida y la mentalidad alemana de entonces, el excesivo frío pasado en ese invierno coloniata, el comienzo del deshielo y los primeros presagios primaverales, la gran orgía de los sentidos que es el carnaval de Colonia, el descubrimiento (letal) entre la documentación que llegaba cada día de Roma, cierto ambiente de derrota existencial entre los numerarios que poco podían hacer en un ambiente hostil, en el que la sola mención del Opus Dei les generaba el más total desinterés (y un ligero desprecio, tratándose de un movimiento católico procedente de esa avanzadilla de Africa que era la España de entonces).

Se paseaba por Colonia, veía las carteleras de los cines prohibidos para el numerario, seguía con el plan de vida prescrito, con la ducha de agua fría matutina que fue lo primero en abandonar cuando dejó el Opus Dei, asistía a misa. Le hubiera encantado entrar  a un cine y ver una película de la Nouvelle vague que entonces empezaba. Y entonces vino el “ángel de la anunciación”, el catalizador un poco novelado según el mismo reconoce, de su salida:
Una muchacha alemana a la que después de mucho observar en clase osó dirigir una palabra y que nunca más volvió a ver.

Pero esa breve conversación le hizo sentirse libre, se había cruzado con un ángel, un emisario de los dioses. Sintió algo que muchos hemos sentido al dar el paso de salir: yo soy yo, y estoy libre de las ataduras. Así se fraguó su Gran Decisión, la irrevocable decisión de romper con la Obra, una ruptura que deseaba suave, pactada y lo menos dolorosa posible. Quería romper con la Obra porque sí, porque me daba la Gana, porque esa era mi inalienable Voluntad. No iba a dar ninguna razón convincente, de una decisión que era irreversible, y de la que nadie lograría hacerle desistir.

Dice que el director estaba más desolado que el mismo cuando le comunicó su decisión, que siguieron tres meses de conversaciones en las que se le pidieron razones pero no hubo terceros grados ni todas esas cosas que se cuentan. 

Me siento pelín ofendida porque su salida fue suave como dura fue la mía, parece que Eugenio Trías pusiera en duda que ha habido otro tipo de salidas que han llevado a personas incluso a quitarse la vida o al menos intentarlo.

Entiendo mejor a Nietzsche y al fundador en esa extraña coincidencia que los une y en la que nadie parece  reparar: el rebaño y la aristocracia, la clase de tropa y el estado mayor de Cristo.

Se aferró a los siguientes argumentos: ya no podía más, se le habían abierto los ojos, no había nacido para la Obra, ni ésta había sido creada para él, que debía seguir su ruta sin malas vibraciones con esa institución pero siempre fuera de ella.
Además aprendió que en el futuro si se asociaba con alguien sería siempre guardando unas distancias y no con ese entusiasmo y entrega juvenil desbocados. No había cumplido 20 años y ya cerraba un primer capítulo de su vida. Con su vocación ya esclarecida, podía reencontrarse con al universidad, con sus amistades y compañeros de otros tiempos. Un cabo de las Tormentas bien atravesado.

Reconoce que había pecado de “hybris”, y ahora su lema sería la humildad, había querido ser como los dioses, viviendo en una comunidad prácticamente salvada y contemplaba al resto de los humanos con la superioridad displicente de quien se sabe en la Verdad mientras que la gente de la calle sobrevive a ciegas en el mayor de los extravíos. Esa distinción entre los de casa y los de la calle era constante en esos tiempos en el seno del Opus Dei.

Por supuesto que la distinción era constante y necesaria a la supervivencia en una vida tan atada, pero no te la inventaste tú. Me rechina esa incoherencia o fallo voluntario en la argumentación de Trías.

Con las ideas claras de que debía tomar tierra, encarar el fin de sus estudios y su futuro profesional, Trías regresa a Barcelona. Además faltaba el encuentro con el planeta femenino, tenía que poner remedio a sus carencias y emprender la iniciación.

El resto de la vida de Trías al menos según lo que el cuenta ya no tiene relación ninguna con el Opus Dei.



Comentarios

Koke Mas ha dicho que…
“El Opus quizás nació como una fuerza renovadora (otro que no estaba nada puesto en historia del catolicismo español), pero ha perdido el tren, se ha quedado en la cuneta; el Vaticano II se lleva a cabo sin contar con él; es más se hace muy a su pesar; el Opus es hoy por hoy el sector más reaccionario de la Iglesia. Palabras paternas que iban haciendo mella en mi ánimo. Sobre todo después que un día, hablando con un sacerdote en el lago di Como a este se le había escapado el siguiente comentario referente a Juan XXIII: Ojalá Dios lo tenga pronto en su gloria.”
Anónimo ha dicho que…
Eugenio Trias fue un "ingenuo":

"Y la 311:

¡La guerra! -La guerra tiene una finalidad sobrenatural -me dices- desconocida para el mundo:
la guerra ha sido para nosotros...
La guerra es el obstáculo máximo del camino fácil. Pero tendremos, al final, que amarla, como
el religioso debe amar sus disciplinas.

También son nuevas en Camino aquellas otras máximas que utilizan la imagen de la guerra
para describir las vicisitudes de la vida espiritual. Por ejemplo, la 307:

Ese modo sobrenatural de proceder es una verdadera táctica militar. Sostienes la guerra, las
luchas diarias de tu vida interior, en posiciones que colocas lejos de los muros capitales de tu
fortaleza.

Más expresiva aún es la 905:

El fervor patriótico, indudable, lleva a muchos hombres a hacer de su vida un "servicio", una
"milicia". No me olvides que Cristo tiene también "milicias" y gente escogida a su "servicio".

Es interesante comprobar también, en esta comparación entre las dos redacciones del libro de
máximas, que, por ejemplo, la virtud de la Santa Audacia que se menciona en "Consideraciones espirituales" se "refuerza" considerablemente en Camino al pasar a llamarse la "Santa Desvergüenza". El ardoroso clima de la guerra tuvo como se ve una decisiva influencia en la formación del pensamiento de monseñor Escrivá.

La primera edición de Camino, que he podido consultar en la Biblioteca Nacional, aunque su
contenido es prácticamente el mismo que en ediciones posteriores,[algunos ex-miembros de la
Obra me han dicho que el Padre Escrivá corrigió, en las siguientes ediciones, alguna desafortunada expresión que venía a oscurecer su pregononado "ecumenismo". Según ellos, en una de las
máximas se decía que los católicos "debemos rezar, y no como esos protestantes de corazón
seco"], nos ofrece, en su presentación, todo el clima nacional-católico en que el Opus Dei dio sus primeros pasos tras su período de "vida oculta". Lo firma José María Escrivá, es decir, los
dos nombres no se han juntado todavía y no existe aún el apellido de Balaguer.

Va fechado en Valencia MCMXXXIX, con el Imprimatur de 8 de septiembre de 1939 firmado por un compañero de tertulia de Escrivá en el Hotel Sabadell, don Antonio Rodilla. Al terminar la máxima 999 dice:

Se acabó de escribir este libro en Burgos, día de la Purificación de la Bienaventurada Virgen
María, año de 1939, III Triunfal. Año de la Victoria".

"Vida y Milagros..."
LL. Carandell

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