Entre reforma agraria y defensa de la iglesia


Hay que ver, ya me estaba preguntando donde andaba el sonriente numerario Andrés Ollero, que parecía desaparecido, retirado de la política después de haber estado unos pocos años de parlamentario. Pero no pierden ni en lejía, si no se les ve es que están cogiendo carrerilla para saltar más lejos, al tribunal constitucional nada menos. Este es de los del Opus que van de liberales. Pero tan inquisidor como cualquiera. Parece que le preocupa el impresionantemente importante asunto que es para quitarle el sueño a cualquiera del matrimonio homosexual. ¿Cuándo habrá unas élites en este país que se preocupen de problemas reales y no de mantener su estatus y dar la matraca con ideologías cavernícolas? lucharemos por ello.

Y otra noticia que podría interesar a la profesora de religión de Almería que pleitea por su puesto de trabajo, el tribunal de derechos humanos ha fallado en contra de los jueces alemanes y en favor de un organista que fue despedido de su puesto en una iglesia católica por haberse separado de su mujer y vivir con otra señora. Los jueces de Estrasburgo estiman que los jueces alemanes sólo tuvieron en cuenta la argumentación eclesiástica.

Este es el testimonio de Juan Moreno, jornalero de la CNT en 1936. Me ha impresionado enterarme de que en esa época tan cercana muchos andaluces vivían como se cuenta en el evangelio, saliendo a la plaza al amanecer esperando ser contratados para la jornada:

"¿Que qué queríamos? pues no la clase de reforma agraria que la república estaba tratando de hacer. El estado y el capitalismo son los dos peores enemigos de los obreros. Lo que queríamos era la tierra, para que fuese de los trabajadores y la explotasen colectivamente, sin intervención del estado..."

A sus 43 años había sido militante sindicalista durante 20 ó más en su población agrícola natal de Castro del Río, incluyendo el "trienio bolchevista" de 1918 a 1920, cuando en el espacio de 18 meses él y sus compañeros habían convocado seis huelgas generales. Habían conseguido algunas ventajas notables, aunque no hubiesen derrocado ni al estado ni al capitalismo. Castro, con una población de 10.000 habitantes, se había convertido en uno de los principales centros anarcosindicalistas de la Andalucía occidental.



Los anarcosindicalistas de Castro, que eran la fuerza dominante entre la clase obrera, se negaron a tener nada que ver con la reforma agraria, a diferencia de la vecina población de Espejo, donde los trabajadores locales participaron en la expropiación de las fincas del duque de Medinaceli por parte del instuto de Reforma agraria. La actitud de los militantes de Castro se había visto determinada muchos años antes, durante el trienio bolchevista, cuando un congreso sindicalista había decidido "no mendigar tierras a los gobernantes, puesto que somos enemigos irreconciliables de la autoridad y la propiedad; si queremos tierras, hagamos lo que los bolcheviques rusos".
Más recientemente durante un congreso nacional celebrado durante la república, la anarcosindicalista CNT había manifestado su hostilidad a la reforma agraria: la tarea de los sindicatos agrarios no radicaba en la obtención de tierras mediante la cooperación con la reforma agraria del gobierno, sino en trabajar por la preparación revolucionaria de las masas rurales" y el día en que, en colaboración con el proletariado, derribarían el capitalismo y tomarían la tierra. Seguidamente el congreso había declarado que la CNT seguía en estado de guerra abierta contra el estado y que el régimen republicano, que entonces contaban dos meses de edad, era a todos los efectos un poder tan opresivo como cualquier otro.

"Los reformistas, los socialistas de estado, querían que la reforma agraria, pero que el estado controlase todo. Cuando el estado decía alto, pues decían alto; cuando decía "a rendir cuentas", rendían cuentas; cuando se recogía la cosecha, allí estaban pidiendo su parte. Nosotros no queríamos eso. La tierra debía estar en manos de los trabajadores, debía ser explotada y dirigida colectivamente por ellos. Esa era la çunica forma de que ellos pudieran controlar sus propios asuntos, asegurándose de que el fruto de su trabajo siguiera siendo suyo y pudieran hacer con él lo que libremente decidieran. No quiere decir que cada colectividad pudiera permanecer aislada, ser una unidad independiente. No. Cada uno de ellos sería responsable ante la organización local de la CNT, ésta ante la regional, la regional ante la nacional... Pero cada una de ellas sería dirigida por un comité elegido por las mismas colectividades, y a fin de año cada una repartiría el superávit producido por los colectivistas..."

...Si algo no nos hacía falta era la burguesía.

Era esta clase la que formaba el grueso de los 200 terratenientes y de todos los labradores de Castro. Unas cuantas fincas eran propiedad de aristócratas absentistas, pero esos se las arrendaban a labradores importantes, a los que imponían condiciones fáciles, com era costumbre que hiciera la nobleza. La extensión media de las fincas era de unas 300 ha. Pocas llegaban a las 550. En Castro debajo de esa burguesía había una clase media bastante nutrida formada por pequeños hortelanos que cultivaban regadíos a la vera del río, artesanos, arrieros. Los jornaleros sin tierra propia eran el grueso de la población.

Jornaleros andaluces

Tras la muerte de su padre, Juan Moreno que tenía 10 años, empezó a trabajar en una finca. Su primer recuerdo era del día que perdió un cerdo que le habían encargado vigilar y regresó a la finca llorando. El capataz le rebajó la ración, es decir, el pedacito de tocino que echaban al potaje de los jornaleros y que prácticamente era la "única cosa nutritiva que en él había", Juan había empezado su aprendizaje.

Pronto salió a trabajar en los campos. Araba, sembraba y segaba con la hoz en las fincas donde los jornaleros contratados pasaban temporadas fijas, siempre hambrientos a causa de lo poco que les daban para comer, delgados como esqueletos, durmiendo sobre paja en el suelo de la tierra de los cobertizos, "todos juntos como en un cuartel". La paja era la que los bueyes y las mulas no querían como forraje. Los ombres se quitaban las botas y el chaleco para dormir. "En primavera nos mudábamos a los corrales, ya que en el dormitorio las pulgas no te dejaban dormir." Si el año era bueno, el empleo te duraba ocho meses tal vez, pero si era malo, quizças no durase ni seis. No existía ningún subsidio de paro.

"Odiábamos a la burguesía, que nos trataba como animales. Los burgueses eran nuestros peores enemigos. Cuando les mirábamos creíamos estar viendo al mismo diablo. Y lo mismo pensaban ellos de nosotros. Había odio entre nosotros, un odio tan grande que no hubiese podido ser peor. Ellos eran burgueses, ellos no tenían que trabajar para ganarse la vida, ellos vivían cómodamente. Nosotros sabíamos que éramos trabajadores y que teníamos que trabajar, pero queríamos que nos pagasen un jornal decente y que nos tratasen como a seres humanos, con respeto. Sólo había una forma de conseguirlo: luchando como ellos..."

En 1936 el odio a la burguesía se puede decir que se había agudizado. "Más  y más burgueses ingresaban en Falange haciéndose fascistas". Tampoco la república había traído beneficios para los trabajadores, como algunos de ellos que eran republicanos se habían figurado.

"Los que no creíamos en la república nos reíamos. Sabíamos que la política no era más que eso, política. Bajo cualquier sistema político, nosotros los trabajadores seguiríamos siendo esclavos de nuestro pedacito de tierra, de nuestro trabajo. A los políticos les importa un bledo que el pueblo coma o no, si vamos a mirar. Claro que un régimen podrá dar un poco más de libertad de expresión; pero la mayoría de las cosas no las puede cambiar. En muchos sentidos estábamos peor bajo la república que bajo la monarquía; la drecha esra cada vez más agresiva, más reaccionaria, y nosotros teníamos que defendernos..."

La ley y el orden casi habían suplantado la cuestión religiosa como factor aglutinante de grandes sectores de la burguesía provinciana fuera de la periferia avanzada. Implícita, aunque no explícitamente, la petición de ley y orden expresaba la exigencia de que se defendiera una forma de vida tradicional, los privilegios e intereses materiales de aquellos que, como siempre, tenían a bien autocalificarse como "la gente de orden". Se trataba de una clase que ideológicamente se sentía unida por la religión, especialmente por la lucha en defensa de la iglesia. A ojos de esta burguesía, la república había atacado a la religión y ahora se mostraba incapaz de velar por la seguridad de los ciudadanos burgueses y la integridad de su propiedad.

La república se había convertido en símbolo del desorden. "Palabra tan infame entre las clases medias", recordaba el hijo de un maestro liberal de Córdoba, que a cualquier desorden o confusión se le denominaba sin más una república....

El problema, ¿qué iglesia se defendía en la guerra civil? los campesinos navarros carlistas no conocían estas miserias del sur. El problema no era el ateísmo ni la increencia, el problema era la injusticia cuando no la pura miseria y el hambre. Y con dolor lo escribo la iglesia española debería de haber reconocido hace tiempo que en esa tesitura histórica tan complicada no estaba al lado del que sufre, sino al lado del que quiere que las cosas sigan igual porque le va bien así y no se preocupa de más. Siempre pagan justos por pecadores, no está bien la violencia ni pasar a cuchillo a la gente sea cura, sea monja, sea jornalero andaluz. Pero todos estos desherados españoles no han tenido su santificador como lo fue Juan Pablo II para los eclesiásticos asesinados en la guerra, que sólo por ser seminaristas ya merecieron la palma del martirio. Un olé por el análisis histórico que se ha ofrecido al mundo de nuestro propio pasado.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Ay, ay, ay! No somos nadie. ¿A dónde llegaremos?

http://politica.elpais.com/politica/2012/06/30/actualidad/1341076745_011708.html

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