BENEVOLENTE CAUDILLO

EL 20 DE AGOSTO DE 1940
Un tren de ganado salió de Angoulème con 927 refugiados españoles a bordo, 490 eran hombres, el resto mujeres y niños, todos ellos hacinados en grupos de 40 ó 50 en 20 vagones concebidos para 8 caballos. Los refugiados creían que los llevaban a Vichy.
El viaje duró tres días y tres noches, de pie sin comida y sin agua. Destino, Mauthausen. A los varones mayores de 13 años el comandante del campo les dijo, habéis entrado por la puerta saldréis por la chimenea del horno crematorio.
De los 490, 397 murieron.
A las mujeres y los niños los devolvieron a España, los habían subido a todos al tren para que los civiles franceses no vieran que separaban a las familias. A su llegada a España, interrogaron a las prisioneras y las que no tenían intercesores fueron a la cárcel. Los niños fueron a orfanatos aunque había familias republicanas deseosas de acogerlos.
Fue sólo el principio de los horrores sufridos por españoles en Buchenwald, Bergen Belsen y demás siniestros nombres.

La propaganda franquista presentaba las ejecuciones, las prisiones abarrotadas, los batallones de trabajos forzados como la escrupulosa aunque compasiva justicia administrada por el benevolente Caudillo. A mediados de julio de 1939 agasajaron al yerno de Mussolini en su visita con la exhibición de una cuadrilla de prisioneros condenados a trabajos forzados. Galeazzo Ciano comentó: “No son prisioneros de guerra, son esclavos de guerra.”
De vuelta a Roma contó a un amigo: “Ese Caudillo es un bicho de lo más raro. Lo he visto en su palacio de Ayete, rodeado de su guardia morisca, entre montañas de archivos de prisioneros condenados a muerte. A la vista de su horario de trabajo, no creo que se ocupe de más de tres expedientes al día, porque le encanta disfrutar de la siesta.”

25 años más tarde, Franco organizó una fastuosa celebración a escala nacional “Veinticinco años de Paz” transcurridos desde el final de la Guerra Civil. Todos los pueblos y ciudades se cubrieron de carteles que se felicitaban por las purgas emprendidas contra las hordas de ateos izquierdistas. Las celebraciones comenzaron el 1 de abril de 1964 con un Te Deum en el Valle de los Caídos. Tanto la misa como la entrevista ofrecida por Franco al diario ABC pusieron de manifiesto que lo que se celebraba no era la paz sino la victoria. Así lo dijo una semana más tarde ante el Consejo nacional. Y dio muestras de que seguía obsesionado con el contubernio judeo-masónico y bolchevique cuando previno a su auditorio de las tramas sectarias que se gestaban en Europa.
Los esfuerzos por consolidar la inversión en terror se habían visto recompensados, era el mensaje implícito.

A este benevolente y sin entrañas caudillo prestaron sus servicios “devotos” los primeros ministros del Opus Dei. Aunque anteriormente ya el padre “santo canonizado” le había predicado Ejercicios en el Pardo.


¿Qué espiritualidad se le puede predicar a un ser tan sanguinario con su propio pueblo?

Estas declaraciones de principios están muy bien. Pero la historia nos enseña otra cosa.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Este apunte biográfico sobre monseñor Rouco Varela es devastador. Dice muchísimo de esta persona y príncipe de la Iglesia.

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/08/28/actualidad/1409249788_667609.html

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