EN BUENAS MANOS

 Interesante que la CEE confie en "nosotros" como ya se ha dado cuenta el padre del joven cuyo caso es el más famoso de España. 

Cremades de los Cremades de toda la vida, ¿sobrino, nieto, biznieto? de aquel gobernador civil de Lérida, años 40, lo más duro del franquismo, que prestó su coche para que el santo acudiera raudo a Madrid tras el fallecimiento de su madre. La señora de la que proceden los "crespillos", una sana costumbre del viernes de Dolores.

Conocimos a una sempiterna megadirectora en España. Hace poco falleció un cura famoso en Madrid por su capacidad movilizadora imagino que hijo del gobernador franquista, ¿o es otra familia?   a quien la jerarquía española confiaba la JMJ en 2011

Está en buenas manos la investigación, son de confianza. 

Está claro  que todos los ocupantes de cargos eclesiásticos han transigido, era tendencia, pasaba y se tapaba. Era el modo de actuar establecido, se minimizaban daños, se trasladaba al delincuente y un niño más o menos traumatizado de por vida frente a un clérigo muy poco tenía que hacer. 

El 1 de marzo sale el informe de la diócesis de Berlín: ya les han sacado "cantares" a los últimos ordinarios:  Meisner, Sterzinsky, Woelki y Koch, que si recomendaron a clérigos como sin tacha cuando ya había acusaciones, que si interrumpieron procedimientos...


 Hablan de la Iglesia católica, pero no debemos olvidar lo que está saliendo a la luz de crímenes pederastas de las élites mundiales organizadoras de la "salud y la enfermedad". Cuanto más elevado el cargo más corrupto y envilecido el personaje que lo ocupa. 

En España, el caso del bar del mismo nombre, y en EEUU, Francia y la anglosfera en general con el famoso Epstein que trabajó para los servicios secretos norteamericanos e israelíes, y al que tuvieron que suicidar dada la información comprometedora que poseía incriminando a miembros de las élites de ambos lados del Atlántico.

Lo del catolicismo es doloroso, por el mandamiento del amor que es su base, que exige precisamente ternura hacia los más débiles e inocentes. 

 El teólogo dogmático jubilado de Ratisbona Wolfgang Beinert ve en la práctica posconciliar de nombramiento de obispos de  Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI una causa sistémica de abuso en la iglesia. 

Con la obediencia incondicional al Papa exigida a toda una generación de obispos, “la Iglesia volvió de nuevo al antimodernismo atrasado que la había caracterizado desde mediados del siglo XIX”, escribe el teólogo en el número de marzo de “Correspondencia Herder Korrespondez”. Las conclusiones del Concilio Vaticano II fueron "amortiguadas con prudencia pero con determinación" y "se echaron atrás las reformas".

 Por otro lado, estaba la generación de obispos que dieron forma al Concilio Vaticano II. Estaban impregnados de una comprensión sinodal de la Iglesia, como lo demuestra su acción segura frente a las propuestas procedentes de los padres conciliares miembros de la curia romana.

La nueva "teología papal", implementada por Juan Pablo II, (el nuestro), es particularmente evidente en el "juramento de fidelidad", que los obispos, entre otros, debían prestar a partir de 1998. 

Además del credo, este juramento incluye una obligación especial para con el ministerio de enseñanza, que va más allá de las declaraciones vinculantes. El juramento de fidelidad debe ser un voto de adhesión "con religiosa obediencia de voluntad y mente" a las enseñanzas "que el Papa o el Colegio de Obispos presentan en el ejercicio de su auténtico magisterio, aunque no pretendan proclamarlas en forma definitiva". 

Todo lo que dice el Papa hay que creerlo sin reservas, sea correcto o no, explica Beinert: "Si alguien acude a una segunda opinión, tiene que violar su conciencia". Dicho juramento está en contradicción con la tradición teológica, que también conoce errores del Papa en relación con la fe y, por lo tanto, junto al magisterio papal tiene en cuenta las Sagradas Escrituras, la tradición, la teología científica y el sentido de fe del creyente.

El primer requisito para los futuros obispos es, por tanto, "absoluta devoción a las enseñanzas de Juan Pablo II".  continúa Beinert. Lo que  incluye un "sí absoluto" a la moral sexual, marital y familiar de la encíclica "Humanae vitae" (1968), que Juan Pablo II había ayudado a preparar cuando era cardenal, una "adhesión radical" a la regla del celibato (" Sacerdotalis coelibatus", 1967), un rechazo definitivo a la posibilidad de la ordenación sacerdotal de las mujeres ("Ordinatio sacerdotalis", 1994) y una "adhesión sin fisuras a que los cargos eclesiales queden en manos de los clérigos" no de laicos ("Instrucción sobre algunas preguntas sobre la participación de los laicos en el ministerio de los sacerdotes" de ocho dicasterios, 1997).

Toda una generación de obispos ha interiorizado la mentalidad de Juan Pablo II
 

 El Cardenal Joseph Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe llevó esta doctrina regresiva a la práctica. Por lo tanto, se debe suponer que los obispos nombrados entre 1978 y 2013 "todos (al menos en principio) habían interiorizado las enseñanzas mencionadas y la mentalidad subyacente", dice Beinert. 

La reacción de los obispos ante la revelación de los abusos fue de miedo ante la pérdida poder y soberanía por la imagen de la iglesia a la que representan. Explicaron el abuso  como caídas individuales de los perpetradores individuales sin tener en cuenta el sistema que hay en el trasfondo y lo explica. 

“Por ello las medidas defensivas se concentraron en encubrir la situación para preservar la impecabilidad de la iglesia y el borrón y cuenta nueva del clero; todos los demás aspectos pastorales y teológicos perdieron importancia. Mantener el poder se convirtió en el distintivo de la acción de la iglesia en todos los niveles". Dada la estructura de la personalidad de los obispos, no se puede esperar que "asuman la responsabilidad, incluso aunque sean personas íntegras, como es habitual en política". No estaba previsto que lo hicieran cuando recibieron su nombramiento episcopal.

Los estudios sobre abusos han demostrado que hay que abordar las causas sistémicas para superar la crisis. “Quien sigue  viendo la salida sólo en la evangelización y la espiritualización no ha entendido nada”, escribe Beinert. La iglesia necesita una reforma "que afecta profundamente a su autocomprensión, sus estructuras, sus formas de proceder". Esto se aplica en particular a “los puntos doctrinales de los papas posconciliares”.

Wolfgang Beinert (nacido en 1933) es sacerdote y fue compañero durante mucho tiempo de Joseph Ratzinger. De 1978 a 1998 ocupó la cátedra de dogmática en Ratisbona, en la que Ratzinger estuvo hasta 1976. Ya a finales de enero, Beinert exigió del Papa emérito Benedicto XVI una señal de remordimiento tras la publicación del estudio de abusos de Munich.

Madurez cuenta cómo era el núcleo duro opusino matritense, el de los clubs de golf, los BMWs y la vida padre....nada que ver con el que viví en el camplo y con la plebe, el final de la cadena. Lástima que hayan suprimido su envío a propósito de este otro Cremades: rehazlo sin malas palabras.

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