Pozoblanco, 1949


 Para la persona de Barbastro que escribe: sí todo fue terrible, pero ni siquiera tanta sangre y crueldad sirvió en España para que las clases acomodadas comprendieran la injusticia social, el atraso, el analfabetismo del pueblo de las que ellas no se preocupaban. No se sacaron lecciones porque ganaron la guerra, el cielo estaba con ellos. Ese fue el drama, que tanto horror y tanto muerto no sirvió para nada, porque se instaló un régimen dictatorial tolerado por las potencias democráticas que fue un desastre. En época de paz se seguía persiguiendo, encarcelando y fusilando a obreros y gente de mal vivir. Los sindicalistas o gente no afín al franquismo que no habían muerto en la guerra, o que no se pudieron exiliar fueron convenientemente apaleados. La iglesia no mostró piedad, fue un elemento más de la represión, denunciando gente con razón y sin ella. Y España se quedó hecha unos zorros a nivel moral. Me interesa todo esto porque es el contexto del que nació el Opus, producto nacional que he padecido, habiendo nacido bastantes años después.

Nos engañaron, nos hacían creer en "visiones divinas" que tuvo Escrivá. Una visión y funda la Obra, otra y funda las mujeres, otra más y los curas y así de visión en visión, de inspiración en inspiración parecía que el Espíritu Santo no tenía a nadie más que inspirar en el planeta. Es importante que se sepan estas cosas, de este país postrado, pisoteado, sobre todo las personas que ya por nacimiento están abajo de la escala, de las que nadie se preocupaba. Sólo de la "pureza doctrinal", catecismo sin dar de comer a la gente. Corrupción tolerada, que se enriquezcan unos pocos listos con el estraperlo a costa de la gran mayoría hambrienta, cuando si se hubiera gobernado pensando más en el bienestar del pueblo y menos en la inquisición hubiera bastado. Pero no. En España el que manda tiene que demostrar que manda y ser más sanguinario y más cacique que nadie. ¿Dónde sino la gracia del mandar? y esa es la moral que desde el poder se ha expandido e inoculado en la sociedad española durante décadas. Eso no se va de la noche a la mañana porque lleguen los fondos de la comunidad europea a chorros. 


HEDILLA DESILUSIONADO
 
Hedilla fue el sucesor de José Antonio Primo de Rivera al frente de Falange. Brenan tiene acceso a un libro de cartas publicado por este personaje que da un retrato interesante de lo que los falangistas pensaban. Se queja amargamente de la ruina y casi muerte por hambre de su familia, aunque ni por un momento menciona que otros todavía lo pasaron peor. Lo que le parece cruel aplicado a sí mismo no le parece malo aplicado a otros españoles.
Otro hecho a destacar de sus cartas es que reconoce que en los juicios por causas políticas que todavía tenían lugar los jueces recibían instrucciones previas de arriba. Ningún caso era juzgado por lo que se presentaba, en la España de la posguerra se actuaba como en los países comunistas. Este hecho abrió sus ojos y escribió una carta sincera a Franco para reclamar justicia como la hubiera podido escribir cualquier otro español del otro bando.

En sus paseos por Córdoba se cruzan por grupos de frailes jóvenes, es llamativo el alza de la recluta eclesiástica en la posguerra, después de los martirios de los años pasados: 81 nombres de clérigos hay en la correspondiente placa de mármol catedralicia.

En una calle cercana a la plaza del mercado se encuentran un hombre de cara avergonzada que se ofrece para hacer de guía. Estaba vestido a la antigua pero pertenecía a la clase media. Le pregunta por su trabajo, era un cesante, un funcionario desempleado y tenía mujer y cuatro hijos que criar. ¿Cómo puede sobrevivir esta gente? La pobreza de la clase media emociona más que ninguna otra, porque su pérdida de estatus les supone un gran sufrimiento. No es posible moverse en España sin encontrarse con la mirada furtiva de algún padre de familia hambriento, demasiado orgulloso y torpe para pedir. Como contraste, en la tienda de sombreros más elegante de la ciudad está expuesta una resplandeciente corona de oro para la Virgen de la Soledad. Siempre hay un puñado de paseantes arremolinado delante del escaparate. En la edad media este espectáculo aliviaba la pobreza de la gente , pero en la posguerra española tienen el efecto contrario. Se necesita el espíritu de un san Francisco o un san Juan de Dios, pero hasta lo que puede ver, sólo las monjas de las órdenes caritativas se ocupan así como uno ó dos obispos.

EL CARBONERO

Visitando las ermitas en la Sierra de Córdoba Brenan se encuentra con un hombre viejo doblado bajo el peso del saco de carbón. Delgado y demacrado: los pantalones llenos de suciedad y sus alpargatas apenas le cubrían los pies. Intenta ganarse la vida de la familia transportando y vendiendo el carbón de la Sierra en la ciudad. Antes tenía unas mulas y había estado en el negocio del carbón, pero la Falange se quedó con ellas, con su casa y con todo.
“Supongo que usted luchó en el otro bando”.
“No. Estaba en el hospital cuando empezó, nunca pude ir a la guerra. Pero era un obrero, y para ellos eso bastaba.”

Habla con admiración de la humanidad y justicia de los ingleses, ya que su padre había trabajado para un ingeniero de minas inglés y siempre lo alababa. “Si se pudiera emigrar a Inglaterra o América, no quedaría ni un solo hombre en España.”

No se puede escapar a la terrible pobreza. Mientras se sienta en un café, pasan por delante unos niños andrajosos, algunos cubiertos de llagas, otro tuerto, otro con un enorme bulto tras la oreja, otro tullido. ¡Esta es la generación de españoles que el régimen de Franco está trayendo al mundo! Aunque los periódicos están llenos de las fotografías de un tren de niños de clase obrera austríacos recibidos y festejados por doquier. ¿Qué pueden pensar los pobres españoles de todo ello? Como en la Italia de Mussolini todo en este país se hace para el show y el divertimento.
Pozoblanco, en la sierra de Córdoba

En Pozoblanco charlan con dos hombres sentados al borde de la carretera:
“Cuando terminó la guerra pensamos que podríamos vivir con Franco tan bien como con cualquier otro. Lo único que queríamos era trabajar y comer. Pero con la paga que recibimos ¿Cómo vamos a poder comer? La paga de un día de trabajo es de 14 pts. Pagada la renta sólo nos queda para comer. ¿En qué consiste la ración establecida por el gobierno? 100 gr. de pan al día y un litro de aceite al mes. Y todavía dicen que España es la madre del aceite de oliva…”
El otro hombre más joven:
“La única esperanza es la emigración. Pero es casi imposible. Quería ir a Francia, pero la frontera está muy bien guardada. Hace unas semanas cogieron a algunos jóvenes de este pueblo intentando cruzarla. Y ya sabe lo que eso significa: palos y más palos. Y luego una sentencia de cárcel por diez años.”
El otro añade:
“Si se pudiera volver a los tiempos de Primo de Rivera… nunca vivimos tan bien. Construyó carreteras, trenes, se hicieron trabajos de irrigación, y los obreros tenían buena paga. España nunca tuvo un hombre tan grande como él.”
El joven dice:
“Ustedes ingleses tienen la culpa, derrotaron al fascismo en Alemania pero lo dejaron aquí en el poder. Con un chasquido de dedos podrían haber echado a Franco y la república hubiera vuelto. Pero ustedes sabrán porqué prefieren no echarlo. Ahora nuestra única esperanza está en Rusia.”

“¿Ve a esos chicos cavando? Están sacando raíces de la hierba para lavarlas y alimentar a las mulas y burros, es todo el forraje que queda.”

Paisaje de encinas, propio de Pozoblanco

“Tras esa colina el campo está cubierto de encinas. Antes íbamos allí a recoger bellotas cuando no teníamos comida. Con eso hacíamos gachas o algo de pan. Pero ahora si alguien se acerca la guardia civil le pega y lo expulsa a palos. Las bellotas son para los cerdos. ¿Sabe lo que hemos comido hoy? Unos pocos mendrugos de pan con algunas naranjas pasadas. Esta noche la mujer nos dará un poco de harina y habichuelas cocidas. Sin aceite porque ya nos hemos terminado nuestra ración. Pero lo más cruel es que el hambre está destruyendo las familias. Los niños lloran, la madre les pega y todo el mundo riñe a alguien. Había mucho amor y cariño en nuestras familias pero ahora nos estamos embruteciendo.”

“Eso quieren” replica el otro”quieren destruirnos como personas. Que nos volvamos animales. Es su programa. Y mientras los ricos, los propietarios de toda la tierra excepto de la dehesa, no hacen más que beber y comer, conducir sus coches y seducir mujeres. Esa es la gente que ustedes los ingleses permiten que nos manden.”

Dos personas particularmente inteligentes. El joven estuvo en una división republicana. Habían aprendido a esperar y ahora sus esperanzas se habían desvanecido. Brenan no supo que contestarles. Preguntó por la dehesa. Cada hombre del pueblo tenía derecho a labrar una parte. Pero para eso hacía falta una yunta de bueyes y algunas semillas. 

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