De la ruptura a la reforma

No tengo tiempo ni ganas de entrar a anónimos provocadores que insultan.
Ahora me llaman careta, supongo que quiere decir cateta de Jaén. Aparte os quedáis. Si lo que digo es una copia de la copia,  lee, investiga y trae los resultados de tu investigación.

Inventar el calendario juliano por el memorable ministro de educación fue una patochada más. Y me reafirmo en denunciar la tradición de otorgar ese ministerio al que menos idea tiene del tema. Jamás Wert ni ninguno de sus predecesores pisó una escuela para trabajar en ella. Ministro de educación es el último regalo que hace el presidente del país no sé muy bien a quien, puesto que ese ministerio tampoco tiene un peso político fuerte en el gobierno. Por ahora el que mejor lo ha hecho de los que llevo conocidos y fijándome, es el anterior, que tendió la mano, y por más que le pinchaban no entraba en las guerrillas mediáticas, de "ha dicho, dijiste y redije".
Me parece que supo cerrar la boca porque se daría cuenta que en este país es muy difícil gobernar la educación, demasiados intereses creados, y muchas ganas de gresca. Para deshacer siempre hay voluntarios.
Aunque es terrible la regresión que se nos viene encima, todo gracias al equipo de corruptos que no fueron a la política a ganar dinero, y ¡cáspita! sin ellos quererlo ganaron muchísimo dinero. ¿Dónde lo habrán escondido de las garras de Montoro?
Hacienda somos los de la nómina.

El otro día escribí sobre Carrillo, otra aúrea mediocridad nacional. Y me quejaba de que se llevó las mieles del poder conseguido después de dirigir desde el dorado exilio parisino, mientras los que ponían las espaldas y el pellejo a la policía franquista eran otros. Ya he llegado al capítulo del libro donde explica qué pasó en 1976. Ahí estuvo el giro copernicano. De la ruptura a la reforma. De no aceptar al rey puesto por Franco a pactar con él. De querer cambiar a otra cosa, a después de tanta lucha, tanta clandestinidad y tanto como se pasó, a venderse a los poderes fácticos (iglesia, Banca, ejército). Es memorable el epígrafe titulado "la reforma pactada". El sólo vale todo el libro, al menos en lo que a mí respecta muy agradecida a Gregorio Morán por las detalladas explicaciones de cómo se llegó a Urdangarín. No es su objetivo con el libro, pero todo viene de allí.
Hay tanto corrupto impune en este país que da la impresión de que están seguros de que no les va a pasar nada, de que llueve sobre mojado y actúan sobre una base asentada, una cultura de que el que puede hace lo que quiere con el dinero público y los demás a ficha "proletariamente". Y lo peor es que lo tenemos asumido, y cuando se lee lo que pasó en esa época de la "reforma pactada", y todo el recorrido vital de este personaje, efectivamente, parece que no merece la pena meterse en nada político en este país. Al final se llevan el gato al agua los de siempre, que no son los más honrados sino los más pillastres.

Mucha ingenuidad en los comunistas del interior. Claro, se habían metido en el partido comunista clandestino por unos ideales de libertad, de lucha contra la dictadura. No para hacer carrera política. Así que Carrillo cuando llegó extraoficialmente a España en 1976 tuvo buen cuidado de ir desmantelando el aparato de propaganda clandestino. Que nadie le hiciera sombra. Nadie se reveló contra los recién llegados del exilio en París. Incluso se les facilita que sean ellos los que tengan las responsabilidades del partido. Así que Santiago Carrillo copó la organización transformándola en instrumento dócil en sus manos.

No tenían experiencia política los comunistas de dentro de España. Sólo conocían la disciplina, la aceptación del talento de los dirigentes exiliados en especial el del secretario general. Podía haber ambiciosos, ingenuos, déspotas...pero no carrieristas como hoy, cuando las gentes se meten en el partido casi en la adolescencia y de ahí van escalando puestos hasta ser consejero de algo 20 años después. Eran soldados de la revolución, que despreciaban la política como profesión. El único que aspiró fue Tamames. Había orbitado alrededor del PC desde 1965 y entra en 1975, al Comité Ejecutivo. Bien. Se incorpora cuando llega el momento de hacer política de verdad.

Dice Gregorio Morán que las visitas a las organizaciones del interior confirmaba su talento político. Acostumbrado a ir ganando parcelas de poder milímetro a milímetro, Carrillo comprobó que todos eran militantes sumisos a su general, Fiados de su clarividencia. 1976 fue el año más complicado para Carrillo, había otros dirigentes que tenían algo que decir, pero luego ya no. Entonces tuve el PC la posibilidad de tener una dirección equilibrada con diversos focos de poder en vez de ser un monolito.

El y sólo él tenía que negociar la reforma o la ruptura. Entre febrero de 1976, cuando entra en España y bien avanzado 1977 Carrillo dió muestras de cómo debe ser el político de raza. Su fraseología me sacaba de quicio. Todo pesado y medido para que sea fácilmente transformable en lo que más conviene. Lo que más le convenía a él.
Me ha encantado enterarme de cómo se quitaron de en medio al "único republicano convencido" que era García Trevijano. Fraga lo tuvo dos meses en la cárcel por "conspirar".  Y los demás respiraron aliviados, porque ya estaban todos dispuestos a aceptar al Borbón puesto por Franco. Qué pandilla...la Platajunta reunida para la "ruptura pactada". Vaya engendro: PC, PSOE, PSP, UGT y CCOO, Izquierda Democristiana, Partido Democrático popular.

Relato de qué sucedió el 5 de septiembre de 1975 para que Carrillo pasara de la ruptura y la república a aceptar al Borbón y su familia. Tuvo que ver el Sha, de refilón, tuvo que ver Ceaucescu, el dictador rumano que tan mal acabó era amigo de Carrillo y tuvo que ver Manuel Prado y Colón de Carvajal, amigo de su majestad.

"El 11 de mayo de 1976 el Comité Ejecutivo del PCE declara solemnemente que la ruptura debe pactarse con el Ejército, la Iglesia y los banqueros, lo que en el fondo es una formulación graciosa porque es tanto como si un partido incluyera en su programa que el socialismo debe construirse con las multinacionales, las embajadas occidentales y la colaboración inestimable del Vaticano. Sencillamente atrabiliario. Si debe pactar con el Ejército, la Iglesia y los banqueros es que no puede haber ruptura, a menos que fueran estúpidos. Hay un deslizamiento claro está hacia una posición subsidiaria. De lo que se trata ya es de que los poderes fácticos negocien con la oposición la reforma. La hegemonía hasta sobre el papel ha pasado al adversario..."

Dentro de lo que quedó de pie, quedó de pie e intocable Opus Dei. Desde su plataforma española, el país que más ha dado en efectivos y dinero, al asalto del Vaticano, como así fue. Primero con el segundo cónclave de 1978 y luego con un pontificado eterno que ha puesto las bases de lo que vienen siendo las actuales canonizaciones y beatificaciones.

¿Quién "trabajará" en esas oficinas vaticanas donde se da el visto bueno, se acelera a unos santos y se frena a otros? allí si que era para entrar con el látigo como en otra memorable ocasión.


http://es.wikipedia.org/wiki/Expulsi%C3%B3n_de_los_mercaderes_del_Templo



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