#YoSoyLa14 (III). ASCETISMO IMPOSIBLE

Está en "Las cabezas trocadas, una leyenda india", cuento de T. Mann (1940).

Los protagonistas, dos hombres y una mujer, tienen un grave problema imposible de solucionar por una mente normal. El problema se las trae y no destriparé el cuento, para mi gusto uno de los mejores de este autor. Me llega mucho más que "Muerte en Venecia", tan célebre por la película de 1971 de Visconti.

Por eso acuden al eremita Kamadama que vive en el fondo de la jungla. ¡Qué difícil es sacrificarse! 

En recuerdo y aclaración de la famosa y "empequeñecedora" lista de mortificaciones distractoras de las verdaderas luchas que se nos presentaban y presentan a los seres humanos adultos, normales y corrientes, no, no es la tragedia de la mantequilla ni el minuto heroico:

"Buenos días, mujer. ¿No es cierto que  cuando te ven los hombres se les erizan de placer los pelos del cuerpo y que vuestras penas de vida son sin duda obra tuya: oh, tú, cepo y cebo? ¡Te saludo!

A esos muchachos los hubiera mandado el diablo; pero estando tú con ellos, querida, ¡quedaos, quedaos, tanto tiempo como gusteis...!

Con verdadera dilección os invito a mi árbol hueco, y os agasajaré con bayas de jujube


que reuní sobre hojas, no para comerlas sino para renunciar a hacerlo y tomar, a la vista de ellas, tubérculos terrosos, ya que todavía estos huesos tienen que ser alimentados de tiempo en tiempo. También oiré vuestra historia, de la que me llegará sin duda un asfixiante vaho vital...La escucharé palabra por palabra,   pues nadie debe tildar de medrosidad a Kamadama.

Cierto que es difícil distinguir entre la falta de temor y la curiosidad, y debe ser rechazada la insinuación de que tal vez solo quiera escucharos porque en mi soledad estoy hambriento y concupiscente de historias con vaho de vida, junto con la otra insinuación de que el rechazo y aniquilamiento del reparo sólo tienen lugar a causa de la curiosidad, de modo que sería precisamente esta la que habría que aniquilar..., pero ¿dónde quedaría entonces la falta de temor?

Es lo mismo que ocurre con las bayas de jujube. También por causa de ellas me tienta el pensamiento de que las pongo ante mí, no tanto como objeto de renuncia como para deleite de mis ojos; a lo cual opongo yo sin temor que justamente en el deleite de los ojos está la tentación de comerlas,  y que yo me haría la vida demasiado fácil si no me las pusiera delante. 

En esto, sin embargo hay que matar la sospecha de que sólo invento tal réplica para poder disfrutar del goloso aspecto, así como también de que, si bien no como las bayas como yo mismo y os las doy a comer a vosotros, encuentro placer en ver cómo las engullís, lo que, habida cuenta del carácter falaz de la diversidad del mundo y de la diferencia de Yo y Tú, es casi lo mismo que si yo mismo las comiera. En una palabra el ascetismo es un barril sin fondo, una cosa sin fundamento, porque las tentaciones del espíritu se confunden ahí con las tentaciones de los sentidos, y constituye un gran trabajo, igual que con la serpiente a las que le crecen dos cabezas, cuando se le ha cortado una.

Pero eso es lo bueno, y lo que importa siempre es la intrepidez. ¡Venid pues conmigo, pueblo vahoso de ambos sexos, venid al hueco del árbol y contadme todo lo que queráis de inmundicias vitales: para castigo mío quiero escucharos y aniquilar la insinuación de que lo hago por divertirme...! ¡Nunca se habrán aniquilado bastantes cosas!"

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