CONTRASTES

Petición de Antonio Esquivias.
No sabe una con cuál de todos los horrores quedarse
más que nada porque sobre el terror voluntariamente inflingido al pueblo y sin necesidad por un ejército de fanáticos militares africanistas, se construyó el régimen político bajo el que nacimos y crecimos. Y triste es pero cierto, todavía nos queda como una tarjeta postal, un vago recuerdo en la sonriente y decorativa familia real que estos días ya pasa sus vacaciones.
 De "hilo en aguja" la sonriente y saludable familia está ahí, a la cabeza del Estado, porque hubo uno puñado de generales españoles que no dudaron en masacrar al pueblo español, gente indefensa, sin armas, sin ideología ni pertenencia política ninguna, que lo único que quería era salvar la vida. Y se humilló y aterró a la gente humilde lo más posible. Como si de una guerra colonial se tratara.
Venían de allí, de Africa. De luchar contra la morisma, y los mismos métodos de imponerse por las armas en territorio colonial usaron contra los más humildes de los españoles. En un arranque de "higienización" ciego, que llamaba rojo y marxista a cualquiera. Es impresionante la saña y la falta de moralidad que se desplegó, cobardemente.

Estos días nos sacan las imágenes de Gaza, bombas contra escuelas, niños, ancianos, mujeres. ¿Qué diríamos si esas mismas bombas las utilizaran el ejército de un país contra escuelas, niños, ancianos, mujeres del mismo país? con altos motivos justificadores. Fue una locura, y de hecho a más de uno que contempló las masacres que se hicieron en el sudoeste español entre julio y diciembre de 1936 por los militares lo tuvieron que encerrar en un asilo.

Iban pueblo a pueblo practicando la "tierra quemada", para "desmoralizar al enemigo", siendo el enemigo los propios compatriotas. Y en pueblos donde ni siquiera había habido violencia contra las derechas. Ni siquiera era una revancha: era todo un programa de "limpieza ideológica".

Después de las atrocidades que allí pasaron, no quiero ni imaginar como tuvo que ser la posguerra ent todos los pueblos de las provincias de Sevilla, Badajoz, Huelva.
generales Franco y Yagüe
Las órdenes eran claras: propinar a las crueles turbas, un mazazo rotundo y seco que las dejase inmóviles. Tras su paso por sierra Morena, la noticia de sus tácticas se propagó y desató el pánico en los municipios donde se esperaba su llegada. Los trabajadores voluntarios que se enfrentaban a las tropas, inexpertos y armados únicamente con escopetas, trabucos viejos, cuchillos y hachas apenas merecían el nombre de milicianos. Con la ventaja de la superioridad aérea incuestionable -los Savoia 81 de la aviación italiana y los Junker Ju-52 de la Luftwaffe- y equipadas cn unidades de artillería, las tropas de choque del Ejército colonial español conquistaron los mnicipios de las provincias de Sevilla y Badajoz. El número de víctimas de los campesinos republicanos superó con creces las bajas sufridas entre los soldados profesionales que integraban las columnas. No se tomaban prisioneros: a los milicianos que capturaban los fusilaban en el acto.

En profundo contraste con las órdenes de Mola a las columnas africanas, el gobierno republicano puso todo su empeño desde el primer momento en evitar las atrocidades. Una avalancha de telegramas enviados a partir de la noche del 19 de julio instaban ingenuamente  a las organizaciones de izquierdas a confiar en la lealtad de la Guardia Civil y del Ejército. El 20 de julio, los comités del Frente Popular de las ciudades de la zona republicana recibieron instrucciones precisas del gobierno de Madrid: "El orden público no debe alterarse bajo ningún pretexto ni motivo: ni permitir que nadie, aprovechándose del natural nerviosismo de las gentes, ofenda a las personas pacíficas ni se tome la justicia por su mano". Se señaló inequívocamente que la prioridad era "dar la sensación y la prueba de que el pueblo está dentro de la ley y que tiene unidad de mando, dirigida por el Gobierno de su elección", y, con el acuerdo de la UGT, se prohibieron las huelgas.

Se dió una orden a todos los gobernadores civiles de que quien se dedicara a realizar actos contra la vida o la propiedad ajenas, serían considerados facciosos al servicio de los enemigos.

Las columnas rebeldes actuaban sin esas restricciones. Es más, sembraban el terror metódicamente.

Un ejemplo, lo que ocurrió en Zafra.


A pesar de las grandes tensiones sociales que se vivieron, en los 5 meses entre las elecciones de febrero y la llegada de la columna del africanista Castejón, el alcalde, González Barrero, trabajó con ahínco para impedir que la izquierda vengara los abusos cometidos en el bienio negro. Hubo ataques contra personas de derechas, y el regidor evacuó a varias comunidades de monjas. No dudó en arriesgar su vida para impedir el derramamiento de sangre.
Tras el golpe militar, González Barrero pasó a presidir el comité del Frente Popular que detuvo a 28 conocidos defensores del alzamiento y evitó la eliminación de los prisioneros. Pero cuando el 6 de agosto Zafra cayó en manos de los golpistas, la represión fue feroz. En el primer día de ocupación militar fusilaron a 40 personas y el número de víctimas llegó hasta 200. El final de la guerra sorprendiö a González Barrero en Madrid. Cuando Franco dijo que quien no se hubiera manchado las manos de sangre no tendría nada que temer. El alcalde de Zafra que se creía del todo inocente, volvió a casa. Fue detenido e internado en el campo de concentración de Castuera donde fue ejecutado en abril de 1939.
En Zafra como en todos los pueblos por donde iban pasando (Fuente de Cantos, Llerena, los Santos de Maimona, Real de la Jara...)las tropas violaban a las mujeres y saqueaban las viviendas. Los oficiales franquistas reconocieron que habían reclutado mercenarios marroquíes con promesas de pillaje y que cuando capturaban un pueblo les dejaban actuar sin freno dos horas. Los legionarios y los moros que vendían relojes, joyas, radios se convirtieron en estampa común por esa región. También los falangistas saqueaban a su antojo.
Juan Galán Bermejo fue un cura de Zafra que se sumó a los rebeldes como capellán castrense y se distinguió por su ferocidad en la represión. Animando y haciendo.

Lo clásico de España, milicia y clero fundidos en uno.

Estos actos de salvajismo eran el "didactismo del terror". El objetivo era enterrar las aspiraciones colectivistas de los campesinos sin tierra. Con la excusa del terror rojo y sin tomarse la molestia de averiguar si se habían producido crímenes contra las derechas, las columnas africanas provocaron un baño de sangre.

Los miembros del Comité Popular constituido en cada sitio,eran fusilados sin miramientos. También los sindicalistas de izquierdas y los que tuvieron la desgracia de pasar por allí.
La derecha estaba indignada porque los ayuntamientos de izquierdas tras las elecciones de feb. de 1936, los ayuntamientos de izquierdas, prohibieron las ceremonias religiosas y obligaron a los terratenientes a contratar trabajadores sindicados y a ofrecerles salarios más altos. Los insultos de los que fueron objeto las clases medias y alta por parte de sus inferiores se las cobraron con creces. Eran una amenaza insufrible a su posición económica y social.

El latifundio permitía a los amos pensar que el  bracero era un ser infrahumano, mera propiedad al que castigar si osaba rebelarse. Para los terratenientes la experiencia de la segunda república era una rebelión en toda regla. No preocuparse que llegó Franco y los suyos a pasar la factura.
La ideología infundada del terror contra los propios españoles se alimentaba de títulos como el del libro publicado en 1937 "Guerra En España contra el judaísmo bolchevique". Los militares africanistas establecían el equivalente enemigo moro, enemigo judío y enemigo izquierdista con toda tranquilidad.

Un guardia Civil llamado Gómez Cantos adquirió fama por su brutalidad. Estaba en Villanueva de la Serena el 18 de julio, apoyó el golpe y concluida la batalla detuvo a los miembros del ayuntamiento de izquierdas. Como los republicanos se acercaban Gómez Cantos se fue con sus rehenes al pueblo de Miajadas, en Cáceres. Allí asesinó a todos los rehenes. Se le unieron guardias civiles rebeldes y a partir de entonces tuvo carta blanca para matar. En Mérida supervisó las ejecuciones nocturnas de los hombres encerrados en el casino-prisión. A diario durante un mes recorría la ciudad con el médico, tomaba nota de quienes lo saludaban para detenerlos. Luego mató al médico. Hubo un tal Oliart al que quería asesinar por espía catalán que logró huir. (Padre de un futuro ministro de la democracia)
En feb. de 1938 fue destinado a Badajoz por Queipo. Aunque no quedaban izquierdas por la masacre del verano del 36, Gómez Cantos marcó con pintura roja a todo "sospechoso" de simpatías izquierdistas. En 1940 ascendió a teniente coronel y destinado a Pontevedra, llegó a ser el gobernador civil.
Había acumulado méritos.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Jazztel y Ono son del opus dei

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